lunes, 5 de junio de 2017

EN ESTE LUNES.... LEAMOS SU PALABRA


Estaba buscando entre mis escritos y encontré esta enseñanza del 2014 que me gustó volver a leerla, te la regalo para el día de hoy.
EN LAS MANOS DE DIOS
En la Biblia podemos ver como en la palabra manos nos describe el carácter de Dios en el cuidado de nosotras, sus hijas. Hay muchos versículos bíblicos que nos relatan que la mano es un instrumento de poder, de protección, de sanidad, de dirección y de consuelo.
La mano de Dios, es una mano protectora, una mano de un Papá que ama a sus hijos y los dirige por el camino correcto.
Por ejemplo:
• Podemos ver que la mano de Dios nos protege.
Salmo 91:11 Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
Que te guarden en todos tus caminos.
12 En las manos te llevarán,
Para que tu pie no tropiece en piedra.
• La mano de Dios nos fortalece, nos guía, nos alienta, nos ayuda.
Isaías 41:10 No temas, porque Yo estoy contigo; no desmayes, porque Yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
• La mano de Dios cambia nuestro lenguaje.
Jeremías 1:9 Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca.
• La mano de Dios siempre está extendida para bendecirnos.
Isaías 59:1 He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír;
• La mano de Dios siempre nos sujeta y necesita tu sujeción.
San Juan 10:27 Mis ovejas oyen mi voz, y Yo las conozco, y me siguen,
10:28 y Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.
• La mano de Dios está extendida para sanarnos, para obrar en nuestros imposibles, para darnos señales y maravillas por medio de Cristo Jesús.
Hechos 4:30 mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús
• Las manos de Jesús nos muestra su amor y su sacrificio en la cruz.
San Juan 20:27 Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
¡Bendecido comienzo de semana!