jueves, 20 de octubre de 2016

REFLEXIÓN DE JUEVES... NOSOTRAS LAS MUJERES DE JESÚS.


Veamos primeramente aquellas mujeres que caminaron junto a Jesús y que nos han dejado huellas a seguir.
MUJERES EN LA VIDA DE CRISTO
María: La Madre De Jesús Ella fue obediente y ofreció su cuerpo y toda su vida para que el Salvador viniera al mundo. Jesús fue concebido en María por medio del Espíritu Santo.
La Mujer Samaritana: Una Evangelista
San Juan 4:1-30 La mujer samaritana. Al ser restaurada por Jesús y al sentirse perdonada, su vida es transformada. Y se convierte así en la primer mujer evangelista de toda una aldea.
Las mujeres que respaldaron a Jesús
San Lucas 8:2-3 Nos habla de María Magdalena, Juana y Susana. Les servían con sus bienes, sostenían la obra.
Las mujeres en la cruz:
San Juan 19:24 Nos muestra que estas mujeres estaban allí firmes, abrazándo a Jesús con sus corazones. Fieles hasta lo último.
Resurrección
San Juan 20:21 nos deja ver a María Magdalena, ella vio la piedra corrida. Jesús había resucitado. 
Juan 20:17-18 Jesús la envía a María a predicar su resurrección. Ella fue enviada por el Maestro a darles las buenas nuevas a los apóstoles.
Y no podemos olvidarnos de:
María de Betania, quien derramó el frasco de alabastro sobre los pies de Jesús. Marta y María, íntimas amigas del Maestro.
Ellas fueron algunas de las mujeres de Jesús, mujeres que entendieron la divinidad de Cristo. Mujeres que por amor, gratitud, devoción y pasión le honraron y le sirvieron con sus vidas.
Pero pienso en nosotras, quizás, todavía no nos hemos atrevido a caminar con libertad en la cruz vacía de Cristo.
Tal vez temas no resueltos, temperamentos no cambiados, etc. nos han llevado a quedarnos en la mitad del camino, sin ir un paso más allá a donde Dios nos quiere llevar.
Somos las mujeres de Jesús. Mujeres simples, sencillas y apasionadas. Mujeres que tenemos un plan dado a nuestra vida que viene de parte de Dios. Somos mujeres que tenemos el don de dar la vida. Por eso hoy es necesario que nos despojemos de todo peso que nos oprime y visualicemos por medio de la Palabra quienes somos realmente en Cristo.
Isaías 60:1 un texto que hasta lo sabemos de memoria nos invita a levantarnos en fe y a resplandecer en Dios. 
Cada una de las mujeres que vimos en el Nuevo Testamento, tienen una historia por detrás. No nos olvidemos que no dejan de ser humanas y seguramente tendrían muchas de ellas familias, situaciones que resolver, etc. Pero no miraron su condición, sino que se rindieron sin condiciones a Jesús y le amaron en cuerpo, mente, alma y espíritu.
Somos llamadas a permanecer a sus pies, a mirarle y contemplar su hermosura. Somos llamadas a dar las buenas nuevas de salvación. Somos llamadas a ir a los nuestros y hablar de este Cristo resucitado.
Dentro nuestro hay un potencial que debemos descubrir y dejar que El Espíritu Santo nos lo revele y para eso necesitamos pasar tiempo a solas con Él.
María la madre de Jesús, fue embarazada por el Espíritu Santo para llevar a cabo la promesa de Salvación.
Cada una de nosotras debemos dejar que Dios nos embarace de sus propósitos, de sus sueños para con nosotras y familias y tener así la plena confianza que a su tiempo lo hará.
Seamos una generación de mujeres conquistadoras, que avanzan proclamando el amor de Dios.



Bendiciones.