viernes, 22 de enero de 2016

"PARA VOS MUJER.... DEJÁTE ACARICIAR EL CORAZÓN"

Hola... Esta mañana, mientras estaba disfrutando de mi momento de oración en la presencia de Dios. Sentí su amor incondicional rodeando mi vida. Encogí mis hombros, como si fuera una niña pequeñita abrazada por su papá, sintiendo el amor y la presencia sin igual de Dios acariciando mi ser.
Entonces estas palabras susurró a mi corazón:
__Tere, decile a mis hijas que las amo.



E inmediatamente estas letras vinieron a mí, sé que Jesús me las daba una a una para nosotras, las amadas, las hijas de Dios.
Dejáte acariciar por mi presencia en este día.
Dejáte que te corone con mi favor.
Dejáte amarte y que te revele mis planes.
Que te llene de mis lirios, de mi aceite y mi unición.
Dejáte restaurar y que sane tus herídas.
Dejáte ministrar en initimidad por Mí.
Animáte a sentir que estoy contigo.
Que te amo y te cuido y que dí mi vida por Tí.


Mis amadas queridas, en este día, el Señor nos dice que no nos olvidemos nucan que Él nos ama. Y nos está invitando a que nos rindamos en sus brazos. Nos está invitando a que nos dejemos amar, acariciar, a ser restauradas y renovadas en su bendita presencia.
Dios nos invita por medio de Jesús a que cobre ánimo nuestra alma y que no nos olvidemos que Él está con nosotras.
El Espírtiu Santo desea llenar nuestras vidas de su presencia, de su perfume, de su unción, poniendo en nuestros labios una nueva canción.
Dios nos ama, nos cuida y nos toma en sus manos. Permitámosno hoy ser amadas por Él.
Jesús tiene todo el poder para restaurar nuestra feminidad, nuestras emociones, nuestro espíritu cansado, nuestro físico abatido y enfermo.
Él nos dice dejáte amar, dejáte ser restaurada, dejáte ser renovada por Mí. Eso nos habla de ceder, de menguar nosotras y entregarle a Dios el control de nuestra vida y cada situación. Dejarlo obrar a Dios, es lo mejor que nos puede pasar.



Éxodo 33:14 Y Él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso.


En este día, la presencia de Dios está con vos y te trae descanso. Te invito allí donde te encuentres, a que cierres tus ojos por un instante y abras tu corazón a Dios. Te invito a que te permitas sentir su abrazo, su cariño, su amor rodeando tu vida. No te asustes, no tengas miedo, Dios no es un fantasma, Dios es un Papá de amor, que se va a manifestar en tu vida, acariciando tu corazón.


Con cariño: Tere.


¡Qué Dios te bendiga!