miércoles, 13 de enero de 2016

"CUANDO DAMOS VUELTA LA ESPALDA... CUANDO OCULTAMOS NUESTRO ROSTRO"


Hola... ¡Dios te bendiga!
Como siempre les cuento, como cada mañana, preparo mi tiempo y momento de intimidad con Dios.
Preparo mi mate, mi Biblia, mis apuntes y me dispongo a deleitarme en Él y con Él.
Y allí sentada, comencé a sentir como una caricia suave envolviendo mi ser. Sabía que el Espíritu Santo estaba allí, junto a mí, con mi cara dormida todavía, pero con mi corazón despierto para recibir todo lo que Dios desea hablarme.
Fue entonces cuando estas palabras susurró a mi corazón:
__Tere.. ¿Te acordás cómo eras antes? Tan temerosa, tan ansiosa, siempre sintiendo la obligación de agradar a los demás, no podías decir a nada ni nadie no puedo y por ser tan exigente con vos misma vivías bajo estrés.

Y le dije:
__Es cierto Señor y cuánto trabajaste conmigo, me ayudaste tanto y lo hacés aún en todo momento. Siempre con tu amor, con tu paciencia, con tu compasión, con tu fidelidad y con tu poder, estás al lado de tus hijos, sacándolos en victoria, llevándonos a vivir una vida sobreabundante en Tí.

Entonces entendí y aún recordé, las veces que no me animaba a enfrentar los problemas, las veces que me sentía menos que los demás y prefería dar la espalda a todo, agachar mi mirada, antes que enfrentar las dificultades y los desafíos.
Pero cuando reconocemos nuestra situación y acudimos a los brazos de Dios buscando ayuda, teniendo la necesidad de renunciar en el nombre de Jesús a todo eso que nos ata y no nos deja avanzar de manera libre; inmediatamente el Espíritu Santo entra en acción y nos comienza a capacitar. Siempre, pero siempre, cuando vamos a Dios con una actitud de humildad, reconociendo que Él es Dios y que de Él dependemos, su mano de poder nos sostiene y nos saca en victoria.

No sé cual es tu situación actual, tal vez estás como estuve yo hace algún tiempo atrás, escondiendo mi rostro, dando la espalda a los nuevos desafíos y a las dificultades. Pensando que por no verlos no están allí.

Te animo hoy a que recurras a Dios, El te está esperando, tiene planes de bien para tu vida.
No desea que vivas atada a situaciones que arrastrás hace años, no desea que vivas enferma, insegura, llena de temores. Por el contrario, Jesús vino para que tengamos vida y vida en abundancia. (San Juan 10:10)

Te invito a hacer esta oración:

Querido Dios, en el nombre de Jesús te pido perdón por mis pecados. Renuncio en Cristo Jesús a todo temor, a toda exigencia, a toda angustia, incertidumbre, falta de fe, que viene a mi vida. Renuncio en el nombre de Jesús a querer agradar a todo el mundo y a esconder mi cabeza como si fuera un avestruz para así no ver ni enfrentar la vida. Renuncio al temor a vivir cada día, a la soledad, al menosprecio y a la autoestima baja, en el nombre de Jesús me declaro libre ahora.
Espíritu Santo, te necesito, lléname de tu presencia, de tu paz, de tu amor, dame sabiduría para vivir un día a la vez, tomada de la poderosa mano de Dios.
Amén.

Salmo 63:1 Oh Dios,  Tú eres mi Dios; yo te busco intensamente. Mi alma tiene sed de Ti; todo mi ser te anhela, cual tierra seca, extenuada y sedienta.
2 Te he visto en el santuario y he contemplado tu poder y tu gloria.
3 Tu amor es mejor que la vida; por eso mis labios te alabarán.
4 Te bendeciré mientras viva, y alzando mis manos te invocaré.
5 Mi alma quedará satisfecha como de un suculento banquete, y con labios jubilosos te alabará mi boca.
6 En mi lecho me acuerdo de Ti; pienso en Ti toda la noche.
7 A la sombra de tus alas cantaré, porque Tú eres mi ayuda.
8 Mi alma se aferra a Ti; tu mano derecha me sostiene. (NVI)

Con cariño: Tere.

¡Qué Dios te bendiga!