jueves, 8 de octubre de 2015

TODO NOS AYUDA A BIEN...



Romanos 8:28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.


A veces nos cuesta entender que determinada situación, nos ayuda para bien en nuestra vida. Este texto de Romanos no nos está diciendo que todo nos va a ir bien y no vamos a tener problemas. Sino, que todo lo que atravesemos nos ayudará a bien.
¿Para qué? En primer lugar para ver la mano de Dios glorificándose, para que experimentemos que tenemos un Padre amoroso que cumple su Palabra y nos toma de nuestra mano, nos acompaña en este crecimiento y nos lleva por medio de la fe a tomar nuestro milagro. Es un proceso, pero si nos animamos a dejarle a Dios el control de toda situación, si tomamos la determinación de morir a nuestra propia carne, dejando que Cristo crezca en nosotros, llenándonos de su Palabra, pasando tiempo en oración, teniendo plena intimidad con el Espíritu Santo. Sé y lo he experimentado, que al mirar atrás, pude gozarme porque en dicha dificultad, pude crecer, pude ser moldeada, pude ver la victoria en Cristo Jesús.


No nos olvidemos que este texto nos enseña que a los que aman a Dios. ¡Qué importante para tener en cuenta este pasaje!


Para reflexionar:
¿Amás a Dios, lo tenés en primer lugar en tu vida y tu corazón?
¿Le estás pidiendo su guía y presencia para ayudarte a llevar adelante esta situación qué estás viviendo? o ¿Te estás enojando con Él, y la incredulidad comenzó a anidar en tu interior?


¡Qué hoy sea un día de poner tu vida a cuenta con Dios! ¡Qué puedas evaluar a la luz de la Biblia, la Palabra de Dios, cómo está tu vida, cuál es el rumbo qué estás tomando!


Romanos 8:37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,
39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.



¿Sabés? Dios no me mandó esa horrible enfermedad que tuve en mi cerebro. Pero sí Él se tomó de esa circunstancia difícil que estaba atravesando. Y me moldeó, me hizo una nueva mujer, descubrí que podía ponerme de pie por dentro, tomada de su mano y salir en victoria. Conocí al Espíritu Santo como nunca antes, pude experimentar el abrazo amoroso de Jesús en aquellas largas noches de llanto, pude tener la contención y el amor de Dios, como un Padre amoroso.


¿Dios me mandó esa enfermedad? Claro qué no!!
¿Dios usó esa enfermedad para transformar mi vida y así ser de testimonio para bendecir a otros? Claro que sí!!
¿Se glorificó Dios en la enfermedad que tuve? Por supuesto, y cumplió su Palabra, cuando nos enseña en Isaías 53 que no solamente Jesús murió por nuestro pecados, sino también por nuestras enfermedades.
¡A Él sea la gloria por siempre!

Con cariño: Tere.


¡Qué Dios te bendiga!


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