lunes, 31 de agosto de 2015

¿ESTÁS CREYENDO?

Hola... ¡Qué tengas un comienzo de semana bendecido!
Recuerdo cuando estaba orando por una petición en especial, un tema de sanidad, más precisamente.
Y Dios me llevó a meditar en este texto:


San Marcos 16:17 Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;
18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.



El Espíritu Santo habló a mi corazón y me dijo:
__Tere...¿vos querés ver mis señales? Para verlas, tenés que creer.


Y luego me llevó a otro texto bíblico:


Génesis 7:4 Porque pasados aún siete días, Yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré de sobre la faz de la tierra a todo ser viviente que hice.


Pensé en Noé, tenía la palabra, fue obediente, sabía que debía esperar siete días para que comenzara a llover; pero seguramente no habrá sido nada fácil ese tiempo de encierro. La gente afuera se burlaba, adentro convivía con un montón de animales, además estaba toda su familia, supongo que esperando que esa locura a nivel humano, se cumpliera.
Entonces pensé en mí, en cómo hubiera actuado yo, con mis niveles tal vez de ansiedad, o quizás de desánimo al ver que pasan los días y no pasa nada.
¡Cuántas veces Dios nos da una Palabra, pero nosotros queremos qué se cumpla ya!! A mí me pasa, mi fe decae, pienso qué andará mal en mí, por qué Dios no responde? Pero lo que no reparo es que los tiempos de Dios no son los míos. Tampoco reparo muchas veces en qué Dios tiene que trabajar con mi interior, para moldearme, para mostrarme su grandeza, para que yo mengue y Él crezca.


No es solamente creer en Dios, sino que va más allá, es creerle a Dios. Es creer sus promesas, aquella palabra que un día nos dio y que está atesorada en nuestro corazón. Debemos saber que a su tiempo se cumplirá si perseveramos en fe. Tenemos un enemigo de nuestra alma que trata permanentemente de robarnos nuestra fe y traernos desánimo. Nuestra carne por lo general es propensa a auto compadecerse y quejarse. Muchas veces nos rodeamos de personas que en vez de levantarnos nuestros brazos espirituales, nos hunden con comentarios que nada tiene que ver con lo que la Palabra de Dios nos dice.


En lo personal quiero ver y ser partícipe de los milagros de Dios. Quiero ser parte de una generación a la cual Dios pueda usar y que me considere su amiga.
¿Y vos?


Le pido a Dios, que en este comienzo de semana, aumente nuestra fe. Qué tomemos la decisión personal de seguirle, de no sólo creer en Él, sino ir más allá, un paso más de fe y creerle en todo lo que dice su bendita Palabra.
¡Debemos creer en Dios y creerle a Dios!!
Los tiempos han cambiado, pero la Palabra de Dios no, ella permanece para siempre.
Los años han pasado, pero la mano de Dios no se ha cortado, a Él sea la gloria.
Jesús se compadecía y hacia milagros y maravillas; su poder no ha menguado, sigue obrando milagros hoy.
El Espíritu Santo es el motor de vida que nos lleva a conquistar nuestro milagro; dejemos que hoy abra nuestros ojos espirituales y así conquistemos todo lo que Dios tiene para nuestra vida y hogar.
Jesús pagó un alto precio con su vida, para que tengamos salvación, vida eterna y sanidad divina, en todas las áreas de nuestra vida.
¡Hay victoria en el nombre de Jesús!


Hebreos 11:1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.


Con cariño: Tere.