sábado, 4 de abril de 2015

IGUAL QUE NOSOTRAS.



Hola mis amadas amigas. ¡Qué Dios les bendiga de manera especial en esta Semana Santa!
Las invito a que me acompañen a meditar en los siguientes pasajes de la Biblia.



San Mateo 28:1 Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro.

San Mateo 28:5 Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado.

San Mateo 28:8 Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos,


Y en especial deseo que nos detengamos en el siguiente texto bíblico.


San Mateo 28:9 he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.


Amadas, nosotras somos mujeres iguales que ellas. Somos mujeres que acudimos a Jesús, que vamos con nuestra ofrenda de amor, que deseamos encontrarlo en nuestras vidas. Somos mujeres que anhelamos  que Él resucite todo aquello que sentimos está muerto; como tal vez nuestro físico, nuestras relaciones, nuestro matrimonio, nuestra economía, nuestras emociones y aún nuestro espíritu.
Jesús, hoy como cada día nos sale al encuentro, igual que lo hizo con estas bellas damas. Él se presenta amoroso, no mira nuestra condición, no mira nuestra situación, Él mira nuestro corazón.
Y ellas, al ver al Maestro, al Amado, se postraron a sus pies y le adoraron.
Ellas habían pasado momentos difíciles, su Señor había sido crucificado, había muerto, tenían dolor desgarrador en el alma.
Creo que habrán sufrido un gran estrés, al igual que muchas de nosotras ante situaciones al límite.
Y fueron a buscarle, a llevarle hierbas aromáticas, para ungirle, el dolor invadía todo su ser. San Marcos 16:1 Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle.
Pero ellas jamás imaginarían que su Maestro había resucitado. Ellas que fueron las últimas en verlo en la cruz, ellas que fueron las primeras en ver que la tumba estaba vacía, ellas eran ahora las primeras a las que Jesús eligió para mostrarle su gloria.


Amadas, que nadie nos menosprecie, que nadie lastime nuestra autoestima, para Cristo no hay acepción de personas. Tanto el hombre como la mujer somos su creación, cada uno con distintos roles, pero somos hijos, herederos y coherederos de su gracia divina.


Tal vez, algunas de ustedes, están tan sometida a alguna situación difícil que no se atreven ir a los pies de Jesús para entregar sus cargas y dejar que Él las consuele y las fortalezca. Quizás sientan que Jesús no se detendría para mirarlas, abrazarlas y amarlas.
Amadas amigas, Jesús es el Gran Yo Soy, el que dio su vida por amor a nosotras y a la humanidad.


San Marcos 16:9 Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios.


María Magdalena, una mujer que para la sociedad era condenada, sin embargo Jesús le sale al encuentro, la restaura, la ama, la bendice y ella por gratitud y amor comienza a caminar junto a Él y servirle. Y finalmente, le da el honor de ser la primer mujer que lo ve resucitado.
Jesús siempre llega a una mujer para reivindicar su feminidad.
Jesús no está mirando tu condición, al igual que lo hizo con María Magdalena, Él miró su corazón y la hizo libre; y luego la hace testigo de su resurrección.

Hoy Jesús nos sale al encuentro, abramos nuestros corazones al único y gran Rey, al que vive y reina por los siglos de los siglos, a Él se la gloria. Amén.

Yo sé que en este fin de semana, Jesús va a resucitar aquello que sentimos está muerto, Él nos va a aumentar la fe, nos levantará como las águilas, por el poder de su amor.

Con cariño: Tere.

¡Qué Dios te bendiga!
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