miércoles, 11 de febrero de 2015

"EN LA OSCURIDAD DE MI CUARTO..."


Hola... ¡Qué tengan un bendecido miércoles!
Hace algunos años atrás, estaba pasando un momento difícil en mi vida.
Luchas se habían levantado a mi alrededor  y al principio, no supe como manejarlas. Y por consiguiente me invadió el dolor, la angustia y la desesperación.
Y recuerdo perfectamente, una noche fría, en la oscuridad de mi cuarto, con mis mejillas inundadas de lágrimas, con mi corazón destrozado, con mi mente y mi cuerpo compungidos. Y en un instante sentí la presencia de Dios invadiendo mi ser. Era como si podía oír las pisadas de Jesús en mi habitación.
El Espíritu Santo estaba allí.
La Palabra de Dios nos enseña que el Espíritu Santo es nuestro consolador.




San Juan 14:26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.


Me quedé quieta, conmovida ante su presencia. Sabía que Dios cuan Padre amoroso, viene siempre a manifestarse a sus hijos. Él nos ama y desea relacionarse con nosotros.
De repente, parecía como si unos brazos gigantes rodearan los míos.
Y cuan pequeña niña, acunada en los brazos de su padre, comencé a llorar más
desconsoladamente.
Evidentemente estaba siendo consolada, estaba siendo restaurada, mi alma cobraba vida, porque la vida de Jesús estaba invadiendo la mía.
Era como si estuviera recostada en su pecho, oyendo el latir de su corazón.
Me olvidé de mis problemas, de mis temores, solo éramos Él y yo, mi Amado y yo, mi Fiel amigo y yo.
Y el Espíritu Santo trajo estas palabras a mi corazón:


__ Tere, hay muchas mujeres que lloran y sufren, y muchas no me conocen y muchas de mis hijas no se dejan amar por Mí. Quiero que transmitas mi amor por ellas, que sepan que cada lágrima no me es ajena a Mí.
Cada noche contemplo en silencio a mis hijos amados y deseo acariciar y restaurar cada corazón.


En donde te encuentres en este día,  no sé por la situación que estés pasando, pero hoy deseo que recibas esta palabra y te levantes en fe, en Cristo que es tu fortaleza.
Qué te dejes amar, consolar, restaurar por Dios. Qué Dejes que el Espíritu Santo traiga su presencia santa sobre tu vida.


Con mi esposo siempre nos recordamos  este texto bíblico:


2 de Corintios 4:9 perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos;
Jorge y yo, nos decimos mutuamente... "Hemos estado derribados por las luchas, a nivel personal, familiar y matrimonial"... Pero gloria a Dios, porque nunca, pero nunca hemos estados destruidos. Ya que tenemos un Dios poderoso que nunca nos desampara y que pelea a nuestro favor.
¡A Él sea la gloria por lo qué hizo en nosotros! ¡A Él seguimos y a Él servimos! ¡Dios es fiel!
Y como siempre decimos, ninguno de los dos tenemos mérito en nada, solamente la mano de Dios nos ha sostenido y nos sostendrá hasta el fin.


No le creas a satanás, ni a las personas que te dicen qué estás destruido/a.
Jamás un hijo de Dios está destruido, podremos estar derribados en una batalla, porque no supimos como enfrentarla; pero igual todo nos sirve para crecer y aprender.
Pero destruidos... ¡NUNCA!! Ya que nuestra victoria está en la cruz vacía de Cristo Jesús. ¡A Él sea la gloria!! 


Romanos 8:31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿Quién contra nosotros?
32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿Cómo no nos dará también con Él todas las cosas?

No le tengas miedo a la presencia de Dios, dejá que su Espíritu Santo entre a tu cuarto, te abrace y te consuele. Dejá que Jesús te recueste en su pecho,  te destile de su aroma fragante y puedas sentir el dulce latir de su corazón.
¡Él te ama con amor eterno!


Con cariño: Tere.


¡Qué Dios te bendiga!
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