miércoles, 20 de agosto de 2014

SI MEZCLAMOS UN POQUITO DE ANSIEDAD, DE IMPACIENCIA Y DE TEMOR...NO ME SIRVE NI A MI.... NI A DIOS



Hola.... ¡Muchas bendiciones tengan en este precioso día qué Dios nos regala!!
Hoy les voy a traer una receta la cual los ingredientes no deberían nunca existir.
¿Qué les parece si a medida qué vamos leyendo, nos decidimos a cambiar los ingredientes de esta receta explosiva para nuestra mente, nuestro corazón, nuestro físico y nuestro espíritu?

Hoy estuve meditando sobre los siguientes textos bíblicos:

1 de Pedro 5:6 Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte cuando fuere tiempo;
5:7 echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque él tiene cuidado de vosotros


Para quienes desean saber un poquito más de mí, les puedo decir que este texto que acabamos de leer fue escrito solamente para mi persona, ja,ja, porque soy  ansiosa, impaciente, pero a lo largo de mi caminar con Jesús es un área que está trabajando en mí y gracias a Él estoy viendo buenos resultados. De a poquito, pero llegan, ja,ja.
El temor y la ansiedad son áreas de mi vida que tengo que trabajar permanentemente en la presencia de Dios y tomada de su Palabra.
Entiendo que cada uno de nosotros luchamos cada día con algo, pero lo más maravilloso es que tenemos un Dios tan grande y compasivo que nos brinda su mano y nos acompaña en este andar cristiano de victoria en victoria por medio de nuestro amado Jesús y con la ayuda del Espíritu Santo que intercede con gemidos indecibles por nosotros.

Romanos  8:26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.

Cada día, cuando me invade la ansiedad y el temor, voy a la presencia de Dios, me postro ante Él, le abro mi corazón, le cuento lo que me pasa porque Él es mi mejor amigo y renuncio en el nombre de Jesús a esa ansiedad que viene sobre mi vida, a ese temor que quiere invadirme; y luego le pido al Espíritu Santo que me llene de su presencia.
Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento comienza a llenar mi vida. ¡Gloria a Dios!!! ¡Vale la pena seguir a Jesús!!

Santiago 1:2 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas,
1:3 sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.
1:4 Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.
1:5 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.
1:6 Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.
1:7 No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. 


Tengo una petición muy específica guardada en mi corazón, como seguramente muchos de ustedes.
Clamo, oro, me tomo de su Palabra, busco su bendita presencia y espero en Dios mi respuesta.
Hace unos días atrás el Espíritu Santo puso en mi corazón estas palabras....  sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.
Y ahí comprendí cuánto estoy cambiando, cuánto mi vida está creciendo en el medio de esta petición. La paciencia comienza a aflorar en mí, estoy más confiada, con mi mente más en claro, con mi corazón esperanzado y aunque hay días que me invade el temor y la ansiedad de que nunca llegará esa respuesta, corro rápido a los pies de Jesús clamando por su ayuda y recordándome que Él es mi abogado, quien me defiende y toma mi causa.

Cuando pasamos por pruebas, Dios siempre trabaja en nuestro interior, primero saca a luz aquello que no sabíamos que estaba allí guardado, como puede ser el temor, o quizás la falta de perdón, o tal vez la ansiedad, la angustia, etc.
Luego cuando pasamos por este proceso, pareciera que nuestras fuerzas flaquearan, nos sentimos agotados.
Pero el Espíritu Santo comienza a recordarnos esos textos bíblicos que nos dan aliento, que nos levantan, que nos recuerdan que hay poder en el nombre de Jesús.
Estos días le decía a Dios... Señor Tú me das las fuerzas como de un búfalo, elévame por favor como las águilas, renuévame en tus ríos.
Y mis amadas/os, cuando nuestro corazón se humilla ante Él, nuestro Dios responde. Porque nuestras batallas se ganan en la intimidad con Dios, cerrada la puerta de nuestra habitación, buscando su rostro y desnudándole nuestra alma y nuestro corazón.

Salmo 92:10 Pero Tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo;
Seré ungido con aceite fresco.


Isaías 40:29 El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
40:30 Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen;
40:31 pero los que esperan a EL Señor tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.


Y para finalizar, les quiero compartir el último texto que leí hoy y que atesoro en mi corazón...

Proverbio 4:20 Hijo mío, está atento a mis palabras;
Inclina tu oído a mis razones.
4:21 No se aparten de tus ojos;
Guárdalas en medio de tu corazón;
4:22 Porque son vida a los que las hallan,
Y medicina a todo su cuerpo.
4:23 Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón;
Porque de él mana la vida


¿A dónde has guardado tu corazón, a quién se lo has entregado?

En el año 1985  le entregué mi corazón a Jesús, y desde que mi vida puse en sus manos, he encontrado y hallado  no sólo un estilo de vida superior en Él sino salvación y vida eterna.

Te invito hoy a que le entregues tu corazón a Jesús.

 
Dios en el nombre de Jesús te pido perdón por todos mis pecados, me arrepiento de cada uno de ellos. Tomo la decisión personal de recibir a Jesús como mi Señor y mi Salvador. Por favor anotá mi nombre en el libro de la vida.
Espíritu Santo quiero conocerte, por favor lléname de tu presencia.
Amado Dios te necesito, cubro mi vida y mi familia con la sangre de Cristo Jesús, amén.

San Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 3:17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él. 

Hoy es el día indicado, para que tomados de la mano de Dios, podamos cambiar esos ingredientes explosivos, como la ansiedad, la culpa, el temor, la amargura, etc. y dejar que Dios ponga en nosotros de su paz, de su amor, de su esperanza, de su compasión, de su gracia, de su misericordia y recibir en su presencia su perdón y su unción.

Con cariño: Tere.