viernes, 1 de agosto de 2014

SEÑOR.... BENDICE NUESTRO AGOSTO.

Hola... bendiciones para este mes que comienza.
Cada vez que empieza un nuevo mes, tengo expectativas de algo nuevo sobre mi vida y mi hogar.
Pienso que hace poco escribí ya llegamos a junio, mitad de año y ahora han pasado dos meses; verdaderamente el tiempo vuela.
Te deseo de todo corazón que la sangre de Cristo cubra tu vida y tu familia, que el amor de Dios los rodee, que la presencia del Espíritu Santo te llene y te ministre.
Hay poder en el nombre de Jesús, Él dio su vida para que nosotros tengamos salvación, vida eterna y sanidad divina.  Y en esto voy a seguir transitando en este mes de agosto. Creyendo en el Dios de los imposibles, viviendo en santidad y obediencia a Dios, buscando cada día la presencia del Espíritu Santo, leer la Biblia, tener más intimidad buscando su rostro en oración y caminar en esa cruz vacía, ya que mi amado Jesús resucitó y nos dio la victoria.

San Marcos 1: 30 Y la suegra de Simón estaba acostada con fiebre; y en seguida le hablaron de ella.
31: Entonces Él se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; e inmediatamente le dejó la fiebre, y ella les servía.

Tal vez estás comenzando el mes de agosto con alguna situación difícil, pero hoy Jesús se te acerca, te extiende su mano y te levanta por el poder de su nombre y sé que esa situación se va a disipar.
La suegra de Pedro estaba enferma, a tal punto que la fiebre la dejó en cama y allí en su lecho, dolorida, llegó Jesús, tuvo compasión, se le acercó, tomó contacto con ella, le demostró su amor y al extender su mano su poder sanador emanó de Él y la enfermedad se fue.
Hoy necesitamos que la mano de Jesús se extienda sobre nosotros y nuestro hogar, para que todo aquello que está enfermando y destruyendo nuestra vida y familia se vaya en el nombre de Jesús.
Hoy nos levantamos en fe, declarando en Cristo Jesús un mes de agosto en victoria, en donde veremos sus milagros y maravillas y en donde nos comprometemos a seguirlo y a servirlo.
Porque solamente Jesús se merece la gloria y la honra, no menospreciemos su sacrificio en la cruz, porque en Él y por Él está nuestra victoria.
Qué nada ni nadie nos robe la paz y la fe, tenemos un Dios grande que vive y reina.

Con cariño: Tere.

¡Qué Dios te bendiga!