jueves, 21 de noviembre de 2013

"ALZAR LOS OJOS....HOY"

 
 
¡Dios te bendiga en este día!
 
Estaba meditando sobre el Salmo 121, una Palabra que sin duda muchas veces hemos leído y declarado.
 
Te invito a que me acompañes a leerlo juntas y así dejemos que Dios hable a nuestra vida y nuestro corazón.
 
Dejemos que el favor de Dios nos inunde hoy y podamos así ser mujeres sabias en su presencia.
 
 
 
Salmo 121:1 Alzaré mis ojos a los montes;
¿De dónde vendrá mi socorro?
121:2 Mi socorro viene de Jehová,
Que hizo los cielos y la tierra.
121:3 No dará tu pie al resbaladero,
Ni se dormirá el que te guarda.
121:4 He aquí, no se adormecerá ni dormirá
El que guarda a Israel.
121:5 Jehová es tu guardador;
Jehová es tu sombra a tu mano derecha.
121:6 El sol no te fatigará de día,
Ni la luna de noche.
121:7 Jehová te guardará de todo mal;
El guardará tu alma.
121:8 Jehová guardará tu salida y tu entrada
Desde ahora y para siempre.

 
 
Este Salmo comienza su relato invitándonos a poner nuestros ojos espirituales en los montes; ya que en el Antiguo Testamento simboliza el lugar donde residía la presencia de Dios. (Monte de Sión)
Alzar nuestros ojos al cielo, buscando en oración la presencia de Dios, nos lleva a salirnos de todo aquello que humanamente estamos viendo y recibiendo.
Nuestro socorro, nuestra liberación, nuestra respuesta, nuestro milagro, viene pura y exclusivamente de la mano de Dios.
En el versículo dos nos muestra que no solamente Dios es el creador de todo, sino que es el que también nos sostiene con su presencia y nos guarda.
¡Él es y fuera de Él no existe nada, ni nadie, solamente de Él es la plenitud, la majestad y el poder!!!
 
Cuando alzamos nuestros ojos a Dios, cuando ponemos nuestra vida en sus manos y nos rendimos ante su voluntad, Él tiene cuidado de nosotros, Él no duerme, no se distrae, no deja tu situación para más tarde, Él siempre vela a favor de sus hijos.
 
Los problemas, las dificultades, las personas que nos rodean y  viven su vida bajo su voluntad, tratando de robarnos la paz y el gozo, el diablo, tu carne, el mundo, etc. todos son factores que pueden influenciar para que vos y yo quitemos los ojos de nuestro Salvador divino; y así llenemos nuestro corazón de temor, de culpa, de ansiedad, de frustración, de desánimo, de falta de fe, etc.
 
Pero hoy Dios a través de su Palabra, por medio de este Salmo 121 nos invita a que nos salgamos de ese círculo perverso que nos rodea y así poner nuestra mirada en Él, nos está llamando a que nos elevemos al plano sobrenatural, con los ojos de la fe.
Porque la fe mueve la mano de Dios, porque el que busca haya y el que golpea se le abrirá.
Porque nada ni nadie nos puede separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús.
 
No voy a negar que cada día enfrentamos  nuevos desafíos, tal vez algunos muy fuertes, pero por mi  parte estoy aprendiendo día a día a poner mis ojos en Dios, a tomarme bien fuerte de su mano, porque solamente de Él viene mi socorro.
 
El versículo 6 nos enseña que tenemos las 24 hs. de protección de parte de Dios, al mencionar al sol y la luna, el día y la noche.
 
El versículo 7 nos enseña que Dios nos preserva del mal, no nos dice que no pasaremos alguna adversidad, sino que saldremos airosos en medio de ellas, porque Él nos cuida y nos guía a la victoria siempre.
 
El versículo 8 nos presenta a Dios protector que nos sostiene y nos guarda, en todo momento, hasta el día de nuestra partida al cielo o hasta el día que Jesús vuelva a buscar a su Iglesia, depende lo que nos toque vivir.
 
El Salmo 121 es un bálsamo para todo creyente, es aliento en el medio de la adversidad y de la preocupación. Nos lleva a salirnos de nuestra situación natural, para comenzar a vivir con los ojos puestos en Jesús, dejando que Dios nos cobije debajo de sus alas, bajo su sombra y así la unción y la presencia divina del Espíritu Santo nos lleve hoy a tomar en fe las bendiciones que nuestro Padre Celestial tiene para sus hijos.
 
¡No te olvides... Dios guardará tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre!
¡Dios guardará tu corazón, ti vida toda, tu hogar, tu familia y todo lo qué pongas en sus manos!
 
Con cariño: Tere.
 
¡Qué Dios te bendiga!