viernes, 13 de septiembre de 2013

¿QUÉ PUEDE HACER UNA VICTIMA DE VIOLENCIA CONYUGAL?

El camino de regreso de la violencia conyugal es largo y difícil, pero no imposible. Requiere de determinación y paciencia. Los altibajos y los sentimientos de impotencia y desorientación son comunes. Pero muchas personas lo han intentado y lo intentan en la actualidad. ¡Vale la pena!
 


Los principales escalones a recorrer podrían ser los siguientes:

1. Reconocer su situación.
No siempre es fácil para la víctima reconocer la situación de violencia a la que está sometida. Recordemos la tendencia a «naturalizar» la violencia, particularmente cuando es una pauta no cuestionada e incorporada a la cultura. El Dr. Norman Wright, en el capítulo «El hombre abusador» de su libro Preguntas que las mujeres hacen en privado, refiere lo siguiente:
Muchas mujeres comprometidas creen que se están casando con un hombre cuidadoso y cariñoso porque actuó de esa forma durante el noviazgo, pero pronto descubren que se han casado verdaderamente con un misógino. La autora Dra. Susan Forward, sugiere que la siguiente lista sea chequeada en relación con el hombre de su vida.

 
A) ¿Reclama el derecho a controlarla en cómo usted vive y se comporta
B) ¿Ha renunciado usted a actividades y personas importantes en su vida con el fin de tenerlo contento? 
C) ¿Menosprecia sus opiniones, sus sentimientos y sus logros?
D) ¿Le grita, amenaza o se ensimisma enojado en silencio cuando está disgustado?
E) ¿Ensaya usted previamente lo qué va a decir para qué él no estalle?
F) ¿La desconcierta cambiando de «agradable» a «furioso» sin motivo aparente?
G) Cuando está con él, ¿se siente a menudo confusa, sin equilibrio o incapaz?
H) ¿Es extremadamente celoso y posesivo?
I)   ¿La culpa a usted por todo lo que va mal en su relación?

Si la persona ha padecido violencia en cualquiera de sus formas en su hogar de origen, debe saber que es especialmente vulnerable y que se encuentra predispuesta a repetir pautas abusivas en su propia relación de pareja, sea en el papel de agresora, víctima o ambas cosas a la vez. Durante la etapa de noviazgo es necesario atender a las primeras señales de maltrato.
No se debería pasar por alto los síntomas de abuso de cualquier tipo, pensando que el paso del tiempo o el amor que se profesan los novios alcanzará para solucionar el problema en el futuro.

 
Es más fácil poner límites adecuados, corregir y encauzar las conductas inaceptables cuando recién comienzan a presentarse. Si el maltrato se ha instalado como forma de relación, ya sea en el noviazgo o en el matrimonio, la víctima debe dejar de lado las excusas, la justificación y la minimización de la situación, y disponerse a ver su realidad tal cual es, aunque resulte doloroso o vergonzoso para ella. Resulta muy útil llevar un registro con anotaciones, donde consten las agresiones recibidas, sean físicas o emocionales, y cuáles hayan sido los argumentos que ella misma se dio anteriormente para no hacer nada al respecto. Muchas mujeres se sorprenden cuando leen sus propias notas de otro tiempo.

 
2. Disponerse a salir del aislamiento.
Es bueno recordar, una vez más, que el silencio y el aislamiento favorecen el maltrato intrafamiliar en cualquiera de sus formas. Por lo tanto, disponerse a romper el perverso pacto de silencio es de vital importancia para comenzar el camino de salida. Es útil también volver a subrayar que la responsabilidad del maltrato no es de la víctima sino del agresor. Tener en claro esto ayudará a tratar con la vergüenza, la culpa y el sentimiento de deslealtad que suelen sentir las víctimas al descubrir ante otros la tragedia familiar. Empezar a contar a otros lo que está sucediendo dentro de las cuatro paredes del hogar es de enorme beneficio, en principio para las víctimas, pero también para el agresor que así tendrá la oportunidad de recibir ayuda. Por otra parte, al lograr que el agresor se sienta vigilado por otros, la exposición del problema redundará en una mayor protección para la víctima, controlando o incluso frenando la violencia. De todos modos es necesario ser prudente, acudiendo a personas que resulten confiables y capaces de comprender y ayudar en estos temas. Es importante recurrir a ayuda especializada.
 
3. Buscar protección.
En los casos de violencia física grave, tanto la mujer que está expuesta a ella como sus hijos deben buscar un lugar seguro adonde irse en caso de ser necesario hacerlo. Tener una copia de la documentación más importante (escritura de la vivienda, documentos de identidad, direcciones y teléfonos importantes, etc.), llaves y algo de dinero en efectivo, son necesarios a la hora de escapar de una situación peligrosa. En estos casos no se debe temer ser acusada de abandono de hogar, argumento con el que muchos hombres «atan» a sus mujeres. El abandono de hogar no es una figura aplicable a personas que huyen para poner a salvo sus vidas y las de sus hijos.

4. Redefinir la identidad y tratar con las consecuencias del abuso sufrido.
Hemos mencionado la cantidad de efectos nocivos que la violencia familiar provoca en sus protagonistas. Ahora es tiempo de curar heridas, aprender nuevos modos de relación y una nueva forma de verse a sí mismo. Sobre todo, hay que trabajar sobre la dignidad perdida y la autoestima dañada. Esto no es algo automático, sino un proceso largo y trabajoso, pero no imposible.

5. Mantenerse bajo ayuda especializada:
Tanto en caso de ruptura matrimonial definitiva como si se decide sostener el vínculo conyugal. Decidir cortar con el ciclo de violencia no es el final; es sólo el principio de la salida del problema. Será necesario recorrer un camino de reconstrucción de la personalidad que puede requerir acompañamiento profesional.

6. Salir del lugar de víctima.
Si bien diferenciamos a la víctima del victimario para tener claridad sobre la responsabilidad de la violencia, en algún momento del proceso de salida hacia la libertad es necesario ubicarse en otro rol. Quedarse en el lugar de víctima indefinidamente lleva a la paralización de la voluntad, a no asumir responsabilidades en la relación, a no hacerse cargo que también puede permitirse o avalarse el maltrato. En este sentido es que se necesita asumir un rol más protagónico y de autodefensa. La ayuda externa efectiva hará posible que pueda, en forma gradual, volver a apropiarse —o también a adquirir como algo nuevo en la vida— de la capacidad de defensa y protagonismo perdida con el aprendizaje del desamparo. No se logra ni fácil ni rápidamente, pero sí se puede con la ayuda y el adecuado sostén del entorno.

7. Atender a los hijos.
Los chicos que han sido víctimas pasivas de la violencia entre sus padres también quedan afectados y necesitan restauración. Constituyen una población vulnerable y es necesario trabajar en la instauración de modos más sanos de relación para evitar que repitan en el futuro el modelo violento aprendido. Otra vez, a través del trabajo con niños y adolescentes la iglesia puede cumplir una hermosa tarea preventiva. Además, es posible que haya que tratar con otras consecuencias: dificultades escolares, síntomas psicológicos y físicos, etc.

(Material extraído del Instituto Eirene Argentina)
 
¡Desde mi corazón les doy las gracias a todas las personas qué les creen y le dan una mano a quienes padecen violencia!
 

Datos útiles para quienes padecen violencia.
 


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SALMO 23
 
 
Con cariño: Tere