jueves, 4 de julio de 2013

"ENTRE TUS LETRAS Y LAS MÍAS... LE ESCRIBÍ ESTO"

!Hola!... !Qué Dios te bendiga!
Esta mañana estaba pensando en tantas mujeres que me dicen que quisieran escribirle a Dios, pero sin embargo les es difícil volcar en un papel lo que está guardado en el corazón.
Entonces pensando en ellas, en mí y en vos, me tomé el atrevimiento de tomar tus letra, más las mías y le escribí a Dios lo siguiente:




Mirar tu rostro en oración esta mañana
 hace latir bien fuerte mi corazón.
Y sentirme así pequeñita entre tus brazos,
queriendo con mi vida ofrendarte mi amor.
El haberte conocido le dio sentido a mi vida.
Y saber que en cada momento te tengo,
le da paz a mi alma quien por Ti suspira.
Si miro hacia atrás veo como tu mano me ha sostenido.
Y en el presente me siento cobijada debajo de tus alas,
sabiendo que sos mi amigo.
Sé que mi futuro está en tu mano,
porque así me enseña tu Palabra.
Y por medio de tu Espíritu Santo,
 tu voluntad me vas revelando.
Que me llames..."Mi amiga"...
me da cosquillitas al corazón.
Y que te presentes a mi vida cada día,
hace que más y más me enamore de vos.
Por eso en este momento te ruego mi Dios...
Que toques el corazón de cada mujer,
dándole aliento y renuevo, un nuevo amanecer.
Te ruego que derrames de tu presencia divina,
 la que sacia toda sed.
Te ruego que fortalezcas cada mano cansada
y le llenes de Tí.
Y que todo corazón abatido,
 comience con tus fuerzas a levantarse cada mañana.
Te suplico que sanes toda herida
y que derrames en este día de tu sanidad divina.
Unge nuestra cabeza con tu aceite,
para que nuestra copa esté rebosando.
Y transforma nuestro hogar con tu unción y tu abrazo.
Sé Tú nuestra guía, nuestro protector y nuestro consejero.
Sé Tú nuestro abogado, nuestro Señor y nuestro escondedero.
Por eso en este día nos levantamos en fe,
declarándote que te amamos,
que te honramos y que eres nuestro Rey.
 
Con profundo amor: Tere.
 
 

Salmo 31:14 Mas yo en Ti confío, oh Jehová;
Digo: Tú eres mi Dios.
31:15 En tu mano están mis tiempos;


Salmo 23:1 Jehová es mi pastor; nada me faltará.
23:2 En lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreará.
23:3 Confortará mi alma;
Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
23:4 Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
23:5 Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.
23:6 Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días.



Quiero dirigirme en este día a toda mujer que está padeciendo alguna dificultad, enfermedad u otro problema; quiero hablarte de mujer a mujer, de corazón a corazón.
Amiga querida, sé lo que se siente cuando te dicen que te vas a morir, sé lo que es cuando vivís en la cama postrada sin poder atender a tu familia y por ende no poder disfrutar de  una vida normal.
Sé como se daña el alma, la autoestima, el físico, las emociones y aún se apaga nuestro espíritu cuando somos desbordadas por alguna situación que nos amenaza la vida; pero en todos esos años hubiera yo desmayado si no creía que vería la mano de Dios en mi vida y en mi hogar.
Satanás se aprovecha de toda situación para venir a robarnos la fe, la confianza y la esperanza, intenta traernos desánimo, culpa, pensamientos de muerte y por consiguiente nuestra vida se desenfoca de Jesús y todo gira alrededor de lo que estamos padeciendo.
Pero como siempre digo, hubo un momento en mi vida en el que clamé tanto al Espíritu Santo que Él vino a mi socorro y pude ponerme de pié por dentro a pesar de mi difícil enfermedad.
Jesús comenzó a fortalecerme y el Salmo 23 comenzó a cumplirse en mi vida.
No estás sola, Dios está a tu lado  y te sostiene de su mano derecha, Jesús pagó un alto precio por tu salvación y por tu sanidad y el maravilloso y poderoso Espíritu Santo está constantemente intercediendo a tu favor y te da poder para levantarte en este día y ver con los ojos de la fe.
No estoy hablando de hacer locuras y dejar la medicina  y los medicamentos, por favor, no hablo de eso, estoy diciendo que acompañemos todo eso con la fe, con la Palabra de Dios, con la oración, tocando el borde del manto de Jesús, por medio de nuestro clamor, porque mi amada amiga, ninguna oración vuelve vacía.

Con cariño: Tere.