domingo, 25 de noviembre de 2012

"NO A LA VIOLENCIA DE GÉNERO"


25 de Noviembre día Internacional contra la Violencia de Género.
Yo...me uno y digo...!NO A LA VIOLENCIA, NO AL MALTRATO, NO AL ABUSO, NO AL MACHISMO!!!!
!BASTA DE FEMICIDIOS, BASTA DE MUERTE, BASTA DE MIRAR PARA OTRO LADO!!



¿Por qué se queda una mujer en una relación violenta?






Esta es una pregunta que muchos se formulan al no comprender la compleja trama de la violencia en la familia. Las respuestas más comunes que se dan a sí mismos son: algo le gusta de todo eso, lo ama, es cómoda, no quiere trabajar, etc. Todas estas respuestas, lejos de ayudar en algo a la víctima, la someten y la rebajan más aún. Estas respuestas son injustas y revelan la ignorancia que hay sobre el tema. La realidad es mucho más compleja.
Enumeramos a continuación algunas cuestiones que pueden aclarar este punto, para muchos, oscuro.


1.      Naturalización de la violencia.
Si la víctima de violencia conyugal ha sido víctima de violencia familiar en su hogar de origen, es probable que haya «naturalizado» la violencia, es decir, que crea que es una pauta normal de comportamiento masculino. Este tipo de mujeres soporta con mucha pasividad los malos tratos, y casi los asume como un destino de ser mujer.

2.      Miedo a las amenazas.
En la mayoría de los casos la mujer también está asustada y amenazada. Recordemos que la violencia siempre se acompaña de argumentos intimidatorios, los cuales son parte del maltrato emocional. «Si me dejás, me mato o te mato», «me voy a volver loco», «no vas a poder sola», «te voy a sacar a los chicos», «nadie te va a creer», «no vas a conseguir trabajo», etc., son los más comunes. Cuando estas amenazas se complementan con la ausencia de un entorno familiar y social que contenga, que comprenda y ayude efectivamente, entonces la mujer no se anima a tomar la decisión que va postergando día a día.

3.      Culpa.
Parte de la manipulación a la que es sometida incluye argumentos que inducen culpa: «una buena mujer no abandona al marido», «Dios no quiere que nos separemos», «la iglesia no va a apoyarte», «vos también tenés la culpa de lo que sucede», «vos no fuiste una buena mujer», «si perseverás, él puede cambiar», etc. Estos argumentos también se refuerzan con las comparaciones con otras mujeres, supuestamente más dóciles, más afectivas o más espirituales. Ven que otras mujeres han sido «exitosas» en su vida familiar, y se atribuyen el fracaso a sí mismas. Para colmo, mucha de la ayuda bien o mal intencionada de familiares, amigos y hasta religiosos, refuerza este sentimiento. Es frecuente escuchar la sentencia «Algo habrá hecho para que él reaccione así», incluso por parte de las personas más allegadas o supuestamente más comprometidas con la víctima.

4.      Vergüenza y humillación.
Es un sentimiento casi universal en las mujeres maltratadas. No quieren exhibir ante otros lo que sienten como un fracaso propio. No evalúan correctamente que la vergüenza es para el agresor y no para la víctima de violencia. Piensan que ellas mismas tienen la culpa de lo que les sucede y no quieren exponerse ante los demás. Tapan sus marcas físicas y ocultan sus verdaderos sentimientos heridos. Se sienten humilladas y avasalladas. Creen que el mismo tratamiento que les da su pareja será el que reciban del entorno (familia, iglesia, profesionales). Si la familia o los amigos advirtieron en el noviazgo que no veían adecuada esa pareja y le aconsejaron la ruptura de esa relación, con mayor razón ellas intentarán ocultar lo que les sucede, cubrirán al agresor intentando minimizar lo que comience a ser evidente para otros.

5.      Razones económicas.
Muchas mujeres temen que si se separan del violento quedarán desamparadas ellas y sus hijos, máxime si este es el proveedor. La realidad es que un buen número de mujeres maltratadas tienen muchos hijos (lo que a veces es una forma más de sometimiento), por lo que les resulta difícil salir a trabajar para obtener su propio sostén y el de los hijos. Además, estas mujeres tienen baja autoestima, no confían en sí mismas, no se sienten capaces de enfrentar solas la vida, y terminan prefiriendo la violencia dentro del hogar antes que el desamparo fuera de él. Otras veces, los esposos manipuladores les hacen creer que no tienen derecho a percibir ningún resarcimiento económico o patrimonial en caso de divorciarse. En otros casos, el maltrato físico, emocional y sexual se acompaña de abuso financiero, por lo que las mujeres realmente quedan despojadas de sus bienes, incluso de los obtenidos por herencia de su familia de origen. y egoísta.

6.      Responsabilidad con los hijos.
La mayoría de las mujeres que padecen violencia por parte de sus parejas no se separan por los hijos. No quieren ser las causantes de dejar sin padre a los niños —sin ver que, en realidad, es el mismo hombre el que los deja sin padre—. Incluso los hijos varones, adolescentes o jóvenes, tienden a repetir la violencia que ven en el papá, maltratando a su madre física o emocionalmente. Las mujeres que padecen violencia temen que en el futuro los hijos les reprochen el haberse separado. Dudan que puedan sostenerlos económicamente. Minimizan los efectos perniciosos de la violencia conyugal sobre los hijos. Es más, muchas mujeres soportan toda clase de castigos sobre sí mismas con tal de que no haya violencia física sobre los hijos, ignorando que, de todos modos, los hijos testigos de violencia entre sus padres son fuertemente afectados. 

7.      Efecto de la «luna de miel».
Comprender el ciclo de la violencia que mencionamos antes es importante en este punto. Como la violencia no suele producirse todo el tiempo ni de forma ininterrumpida, sino que se da cíclicamente, durante la fase de luna de miel que sigue a la descarga violenta la mujer renueva su esperanza: piensa que esta vez sí el arrepentimiento es genuino, que esta vez sí se producirá el cambio anhelado, que esta vez sí ella encontrará el modo de no «provocar» al marido, y que él entonces responderá pacíficamente como en este momento. Hasta es capaz, en este punto, de retirar la denuncia si es que la hizo, o de negar lo que le pudo haber confesado al profesional, a la amiga o al pastor. La mujer parece actúa como si «olvidara» lo que vez tras vez sucede, y prefiere quedarse con la imagen de este marido amable y cariñoso que percibe ahora. Obviamente, esto dura un tiempo, hasta que la nueva carga de tensiones produce, en un lapso variable, un nuevo episodio violento, con la consecuente desilusión y desesperanza.

8.      Indefensión aprendida.
Este concepto, introducido por el psicólogo norteamericano Martin Seligman en la década de los sesenta, y retomado luego por Leonore Walker en sus estudios sobre la mujer golpeada, es fundamental para comprender la «pasividad» de la víctima que lleva a que el observador se pregunte: «¿Por qué lo tolera?», «¿cómo es que no hace nada por terminar con la situación de maltrato?», etc. Seligman y sus colaboradores estudiaron la conducta de perros que, expuestos repetidamente a estímulos de carácter desagradable, impredecible y azaroso, finalmente perdían la capacidad normal de reaccionar frente a los mismos, huyendo o protegiéndose como hubiese sido esperable de ellos; caían en una especie de letargo, incapaces de defenderse o hacer algo para alejarse del sufrimiento. También sucedía que esos mismos perros, si se les posibilitaba la libertad, no hacían uso de ella, sino que quedaban paralizados y carentes de reacción. La comprensión de la mecánica de esta conducta adquirida por condicionamiento —llamada también desamparo aprendido— permitió luego comprender cómo un ser humano (o también un grupo o pueblo entero) puede terminar acostumbrándose a recibir repetidas expresiones de violencia, perdiendo la natural capacidad de justa indignación y protesta, y generando sometimiento pasivo, sentimientos de impotencia y silencio. Aceptar que no se puede evitar la violencia es otra forma de «naturalizar» la misma.

9.      Doble victimización y efecto doble fachada.
Para complicar más la situación, algunas mujeres que en alguna oportunidad se atrevieron a contarle a alguien su padecer, encontraron condena en vez de comprensión, sanción en vez de liberación, carga en vez de ayuda. Cuando esto sucede, la víctima recibe un nuevo maltrato, esta vez más doloroso y difícil de asimilar. Los que supuestamente están para ayudar y por eso tienen más responsabilidad (profesionales, clérigos, docentes, personas encargadas de la ley, etc.) ahora son los que maltratan. Entre otras actitudes, lo hacen al dudar del relato, al poner más carga sobre la víctima, al «espiritualizar» la cuestión alegando por ejemplo que Jesús también padeció por nosotros, al minimizar y hasta justificar la violencia recibida por la víctima, etc. A veces se debe a la ignorancia de quien recibe el relato, otras a la violencia propia no resuelta en él mismo. De cualquier forma, la doble victimización es muy grave y tiene consecuencias nefastas: puede reforzar la indefensión de la víctima y su profunda desilusión respecto de algún tipo de ayuda a la que pueda recurrir y aumenta la desesperanza y la desesperación.
Esto se complementa con el fenómeno llamado «doble fachada». Se trata de una característica muy común en los abusadores de cualquier tipo, y consiste en tener una doble imagen: una pública y otra privada. En público pueden mostrarse como personas seguras de sí mismas, controladas, respetuosas, espirituales, éticas, amables, equilibradas, hasta seductoras y carismáticas, o incluso sumisas. Pero en privado muestran su verdadera cara: son violentos, agresivos, sarcásticos, arbitrarios, se descontrolan, manipulan, ignoran, aíslan a la víctima, y la someten a toda clase de torturas físicas y emocionales. Esto tiene diferentes consecuencias. Por un lado, incrementa el desamparo de la víctima que supone, y lamentablemente con razón, que no le van a creer. Por el otro, y debido al maltrato al que es sometida, la víctima generalmente puede estar asustada y ansiosa, mostrarse incoherente e insegura, tener una mala apariencia, etc.
(Material extraído del Instituto Eirene).


Sí padecés violencia de cualquier tipo, por favor pedí ayuda.

Llamá gratis en Argentina al .... 0800-666-8537

ó 911 Provincia de Buenos Aires.

ó 137 Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


Podés asesorarte visitando las siguientes páginas.




Acordate Dios nunca pensó en tu vida para hacerte una persona que vivas bajo maltrato y abuso.
A Dios le interesa tu vida y tu hogar, Él te hizo para que vivas una vida abundante en Cristo Jesús.





Con cariño: Tere.

Hoy cumplimos con Jorge 23 años de casados y quiero darle las gracias a Dios porque su mano siempre nos ha sostenido, porque su poder, su amor y su fidelidad siempre estuvo en nuestro matrimonio.
Quiero darle las gracias a mi esposo por todos estos años que vivimos juntos, gracias por los buenos momentos y gracias por aquellos que a lo mejor no lo fueron tanto pero que nos hicieron crecer juntos y reafirmar aún más nuestro gran amor.

Amado esposo mío...te amo con todo mi corazón, gracias por tu amor, gracias por caminar a mi lado y por amar a Dios como lo amás, gracias...te amo y siempre te amaré.

Es mi deseo y mi clamor en este día qué Dios esté bendiciendo cada matrimonio y cada hogar.
Qué la salvación, la sanidad, la restauración, la paz, el amor, la compasión, la gracia y el favor de Cristo Jesús toque cada corazón.

!Qué Dios te bendiga!