miércoles, 12 de septiembre de 2012

"ESTO ME PASÓ A MÍ...."

2 de Corintios 1:2 Gracia y paz a vosotros,
de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
1:3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,
Padre de misericordias y Dios de toda consolación,
1:4 el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones,
para que podamos también nosotros consolar
a los que están en cualquier tribulación,
por medio de la consolación
con que nosotros somos consolados por Dios.

Hoy a la mañana estaba leyendo 2 de Corintios en el Nuevo Testamento y en este texto que les compartí, me dí cuenta que exactamente esa palabra me había ocurrido a mí.
Cuando enfermé, en todo ese proceso sabía que Dios estaba trabajando en mi vida, sabía que Él se quería glorificar en mí.
Cuando recibí la sanidad divina, como siempre cuento después de dos largos años de lenta sanidad, pude dar gracias a Dios porque Él no me sanó en el acto; aunque suene raro, pero es así.
Sí bien Dios me podía haber sanado en décimas de segundos, sin embargo se tomo todo el tiempo para obrar tan grande milagro en mí.
¿Saben por qué?.... Porque en ese proceso Dios me hizo una nueva mujer y viví tan de cerca la consolación de Jesús en ese momento de tanta tribulación en mi vida que cuando fuí sanada lo primero que hizo Dios es usarme con las mujeres enfermas, con aquellas mujeres que tenían cáncer u otras enfermedades y que temían morir....pero Jesús llegaba a sus vidas y también las sanaba.

!Gloria a Dios!!!...Él vive, Él está con sus manos extendidas para tocar tu vida y tu hogar hoy!!!!

Quiero hoy alentar tu vida, quiero decirte que te pongas de pié por dentro, que levantes tu cabeza, que te atrevas a mirar con los ojos de la fe; que no todo está perdido, qué tenemos un Dios tan grande y tan misericordioso que vale la pena darle la oportunidad para que obre en nuestras vidas.

Dios nunca nos trae hasta un lugar para que volvamos atrás, todo lo contrario, Él siempre tiene planes de bien para nosotras.

Quiero invitarte a que te dejes consolar por Jesús y que aprendas a consolar como Jesús consuela.
Depende la dificultad que estemos pasando, es la herramienta que contamos para ayudar a otros, porque podemos entender de corazón a corazón.
Pero debemos acompañar esa experiencia con la Palabra de Dios, con nuestra relación de intimidad con Él, con el mensaje de Jesucristo, con la llenura del Espíritu Santo obrando en nuestras vidas.
No es con nuestras fuerzas, es con las fuerzas de Jesús obrando en nosotras, no es con nuestro propio razonamiento, es con la mente de Cristo obrando en nuestro ser.
Debemos pedirle a Dios que nos de un corazón sensible ante la necesidad de los demás, un corazón compasivo y amoroso como el corazón de Jesús.
Debemos pedirle a Dios que no nos olvidemos nunca de donde Él nos sacó y que la gloria solamente es de Él.

Por mi parte puedo entender lo que siente una mujer que se va a morir por una enfermedad, que va a dejar a sus hijos, su familia, o que quizás lleva una vida imposibilitada, postrada en una cama, etc.
Sé lo que es, sé lo desgarrador que es ese sentimiento y sé lo consolador que es Jesús cuando llega en el medio de tu dolor y de tu incertidumbre y te toma en sus brazos, te consuela, te anima para luego completar la obra en vos y sanarte.

En este día te invito a creer, te invito a dejarte consolar por el Espíritu Santo de Dios, a que su poder y su amor toquen tu vida y te impartan fe, esperanza, fortaleza, consuelo, una nueva visión en Cristo Jesús.

Abrí tu corazón ahora, levantá tus brazos al cielo, levantá tu cabeza, mirate al espejo y declarate esta palabra que es para vos, hoy Dios habla a tu corazón y te dice:

Isaías 60:1 Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz,
y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.

Con cariño: Tere.

!Qué Dios te bendiga!