jueves, 20 de septiembre de 2012

"CUANDO MI LECHO ESTABA INUNDADO DE LÁGRIMAS....SIEMPRE ESTUVO ÉL"

Si hay algo que detesto en gran manera es la religiosidad; será porque me tocó vivirla y sé lo que es que te juzgen por estar enferma.
Pero Dios transformó ese dolor y decepción en mí para que yo pudiera entender y comprender lo que siente una persona que cada noche llena su lecho de lágrimas debido al dolor y a la enfermedad.
Siempre digo que no debemos permitir que esa situación nos lleve a la depresión, debemos ser rápidos en detectar cuando sentimos que nos caemos en un profundo pozo negro.
Le pido a Dios que podamos ser ese brazo de bendición para ayudar a otros a salir de ese pozo de desesperación.
!Tenerlo a Cristo en mí fue y es mi gran fortaleza, Él ha sido y es mi ayudador; Él sabe cómo soy, cuánto le amo y cómo deseo crecer y honrarle con mi vida!
Vivimos en un cuerpo y tenemos que ser conscientes que necesitamos despojarnos día a día de todo el peso que nos acecha y entregarlo en las manos de Dios en el nombre de Jesús.
Tenemos al Espíritu Santo intercediendo constantemente a nuestro favor con gemidos indecibles.

Cuando contaba que noches enteras mojaba mi almohada llorando de tanto dolor, muchas personas me han dicho:

__!Pero cómo no tenías fe en Dios! !No estás menospreciando la obra de Cristo en la cruz!....!Será qué estás en pecado por eso Dios no te sana!

Amadas amigas que están padeciendo alguna enfermedad o situación difícil, hubiera yo desmayado si hubiera perdurado en oír comentarios así, de gente legalista y religiosa que nada tiene que ver con el corazón de Jesús.
Al principio mi alma se entristeció, vivía suplicándole a Dios que me mostrara si había un pecado oculto en mí, estaba entrando en desesperación.
Pero luego el Espíritu Santo comenzó a ministrar mi vida, allí en la soledad de mi habitación, comenzó a mostrarme que debía cerrar mis oídos a personas que venían a robar mi fe.

Jesús me visitó con su presencia cada noche que lloraba mojando mi lecho con mis lágrimas, sentía como me tomaba en sus brazos y me acunaba cuan niña pequeñita en los brazos seguros de su papá.
El Espíritu Santo me fue mostrando la obra que Dios haría en mi vida solamente para glorificar y honrar el nombre de Dios y para poder bendecir por ende a otras personas que están padeciendo la misma situación.

Estoy cansada de aquellas personas que se creen super cristianos y te condenan y ponen cargas pesadas sobre tu espalda; aquellas que únicamente te citan la Palabra para condenarte pero lejos están de vivir una vida en santidad.
Siempre digo mostrame tus frutos, no me muestres tus dones, tus talentos, no me muestres cuanto llorás cuando hablás de Dios o cuanta gente se cae al piso cuando le orás; a mí eso no me dice nada de tu vida, si hay algo que tenés que mostrar es tu vida en santidad, el fruto del Espíritu Santo obrando en vos.
Amo los dones, amo la presencia de Dios y la manifestación de su Espíritu, amo todo lo que tenga que ver con servirle a Dios; pero lo que pesa en mi vida es cómo yo soy, es mi corazón, es la santidad que vivo día a día, es mi relación personal con Él, la cual debo cultivar en cada instante de mi vida, es cuanto amo su Palabra y como la pongo por obra, es cuanto muero día a día a las obras de la carne y dejo que el Espíritu Santo me inunde de su presencia.

Tal vez te encuentres como estaba yo hace unos años atrás, inundando de lágrimas tu lecho, mojando tu almohada de tanto sufrir.
Quiero decirte que el único amigo fiel que te entiende, te acompaña, te consuela, te fortalece, te levanta, te acaricia, te restaura, te sana y te salva es Jesucristo.
Cuando sabemos quien somos en Cristo, cuando sabemos que nuestra vida está a cuentas con Él, por más que venga una enfermedad, una situación difícil o lo que sea, debemos tener la suma confianza de que su mano de amor nos sostiene y nos levanta, debemos cerrar nuestros oídos a cualquier juicio y correr rápido a los brazos de Dios, debemos habitar debajo de sus alas y dejar que Él nos hable en el silbo apacible, debemos aprender a hacer silencio en su presencia y recibir su guía y su dirección.
Aprendí a dejar los juicios de lado porque sé mi vida como está ante Dios y cerrada la puerta de mi habitación me gozo porque puedo mirar a mi Rey sin tener que bajar mi mirada, puedo desnudar mi corazón ante Jesús porque mi vida está integra ante Él.
Pero Jesús tuvo que romper primero las estructuras en mí, tuvo que trabajar en mi interior, porque yo no sabía decirle no puedo a nada ni a nadie, porque creía que le tenía que agradar a todo el mundo, porque agachaba mi cabeza y obedecía a quien sea por temor a decir no sé o no puedo.
El Espíritu Santo trató a solas conmigo y me levantó y me sacó en victoria como siempre Él lo hace en sus hijos.

Allí en dónde te encuentres quiero que por unos segundos cierres tus ojos, le entregues tus cargas a Dios, renuncies a todo lo que te agobia, que llores todo lo que tengas que llorar porque Cristo secará una a una tus lágrimas y pondrá gozo y restauración en tu corazón, Él pondrá risa de agradecimiento en tus labios.


Cerrá tus ojos y dejate amar por Él, sé que estás sintiendo ahora mismo el calor suave de su presencia, sé que estás sintiendo ahora mismo que está a tu lado y te está amando y animando a seguir; lo sé porque yo lo estoy sintiendo ahora y tengo la certeza que el Espíritu Santo nos está uniendo para tocar y animar nuestro corazón.

Con cariño: Tere.

Salmo 6:2 Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo;
Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen.
6:3 Mi alma también está muy turbada;
Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo?
6:4 Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma;
Sálvame por tu misericordia.
6:5 Porque en la muerte no hay memoria de Tí;
En el Seol, ¿quién te alabará?
6:6 Me he consumido a fuerza de gemir;
Todas las noches inundo de llanto mi lecho,
Riego mi cama con mis lágrimas.

Salmo 6:9 Jehová ha oído mi ruego;
Ha recibido Jehová mi oración.
!Qué Dios te bendiga!