lunes, 21 de mayo de 2012

¿QUIÉN NO SE REFUGIÓ EN EL LIBRO DE JOB, ANTE UNA ENFERMEDAD?

Recuerdo cuando estaba muy enferma, cuando los dolores eran tan fuertes que no me dejaban moverme, diría ni pensar, ya que mi cerebro se hinchaba y no soportaba tanto malestar.
Como siempre cuento, nunca me enojé ni cuestioné a Dios por la enfermedad que tuve, al contrario me tomé bien fuerte de su mano para buscar la salida a esa horrible situación, pero sí reconozco que el temor a morir, la angustia y el dolor, muchas veces parecían tomar fuerte mi vida.
Por lo general cuando estamos enfermos, vamos al libro de Job a ver todo lo que a él le pasó; y a veces nos identificamos y otras no tanto.
Pero una mañana, leyendo Job 39 en el Antiguo Testamento, comencé a sentir que mi espíritu y todo mi ser se conmovían ante tanta grandeza de parte de Dios.
 Apenas comencé a leer Job39:1 ¿Sabes tú el tiempo en que paren las cabras monteses?
¿O miraste tú las ciervas cuando están pariendo?...
verdaderamente mi ser comenzó a emocionarse...me dí cuenta una vez más el Dios tan grande y maravilloso que tenía y tengo.

Leí todo Job 39 y mi corazón se estremeció, seguí leyendo Job 40, 41 y mi vida ya estaba partida en dos ante la presencia del Espíritu Santo.
Saber que tengo un Dios que en su secreto formó mi vida desde el vientre de mi madre, un Dios que se ocupa de cada detalle de la creación, hizo inmediatamente animar mis fibras más íntimas.
No me podía permitir caer ante esta enfermedad, no me podía permitir perder mi ánimo y que mi fe flaqueara teniendo un Dios tan grande.

Y finalmente al leer Job 42, caí postrada ante su majestad.

 Job 42:1 Respondió Job a Jehová, y dijo:
42:2 Yo conozco que todo lo puedes,
Y que no hay pensamiento que se esconda de ti.
42:3 ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento?
Por tanto, yo hablaba lo que no entendía;
Cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. 

42:4 Oye, te ruego, y hablaré;
Te preguntaré, y tú me enseñarás.

42:5 De oídas te había oído;
Mas ahora mis ojos te ven.
 


Entonces exclamé:
__Señor, verdaderamente de oídas te había oído, más ahora que tu Palabra traspasó mi corazón me doy cuenta que estoy recibiendo vida por medio de tu Hijo Jesucristo, me doy cuenta que tu Espíritu Santo me está infundiendo aliento.
Amado y precioso Dios ahora reconozco que a pesar de cualquier dificultad y enfermedad, mis ojos te pueden ver, porque en esta mañana te presentaste a mi vida, soplando de tu vida en mi cansado corazón.


No sé cual es la situación, enfermedad, dificultad y angustia que está tomando tu vida, lo que sí sé es que tenés a un Dios grande y poderoso dispuesto a dialogar con vos, dispuesto a presentarse en tu camino y extender su mano poderosa para sacarte del pozo de oscuridad y angustia en que estás.

Confiá en Dios, tené ánimo en Él, dejá que su Espíritu Santo toque tu vida, dejá que Jesús sane todo tu ser.


Con cariño: Tere.

!Qué Dios te bendiga!