lunes, 7 de mayo de 2012

"DURANTE MI SANIDAD...EL SALMO 40"

Te invito en este día a leer esta palabra junto a mí y dejemos que  El Espíritu Santo hable a nuestras vidas.

Salmo 40:1 Pacientemente esperé a Jehová,
Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.
40:2 Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso;
Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.
40:3 Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios.
Verán esto muchos, y temerán,
Y confiarán en Jehová.
El proceso de mi sanidad no fue fácil, como siempre cuento había momentos que parecía que estaba totalmente sana y sin embargo al día siguiente amanecía con los síntomas mucho peor de cómo estaba antes.

Pero el confesar la Palabra de Dios sobre mi vida, el saber qué Jesús estaba a mi lado y además tener la convicción absoluta de que Él había dado su vida por mí para salvación y también para sanidad, junto a la poderosa presencia del Espíritu Santo fortaleciendo mi interior, hicieron que me pusiera de pié por dentro y así por medio de Cristo que me fortalece (Fil. 4:13), pude llegar a vivir viendo con los ojos de la fe (Hebreos 11:1) y no con mi propia vista.

Entonces comencé a ser parte de cada texto bíblico, comencé a entender que mi alma cobraba aliento en Jesús cuando declaraba su Palabra, sin dudar y esperando su voluntad sobre mi vida.
Tuve que hacer de lado mi ansiedad, no fue fácil, pero entregué en las manos de Dios, tantas veces como sentía hacía falta, toda emoción alterada que estaba en mi vida y que me quitaba la paz y la fe.
Cerré mis oídos a todo comentario negativo que se levantaba contra mi vida, comencé a valorar más mi cerebro, a cuidarlo, comencé a verme en las manos de Dios siendo sanada, comencé a caminar en fe, hasta que llegó el día que por su misericordia comencé a caminar en victoria por medio de Jesús.

Tuve que poner en práctica el Salmo 40 y esperar pacientemente en Él, sabiendo que Dios es un papá bueno que inclina su oído al clamor de sus hijos y que oye y también responde.
Hasta que llegó el día que Él puso un nuevo cántico en mis labios, un canto de sanidad, de gozo, de liberación, de deseo de proclamar su Palabra y sus maravillas.


Salmo 40:16 Gócense y alégrense en Ti todos los que te buscan,
Y digan siempre los que aman tu salvación:
Jehová sea enaltecido.
40:17 Aunque afligido yo y necesitado,
Jehová pensará en mí.
Mi ayuda y mi libertador eres tú;
Dios mío, no te tardes.

Gozarse y alegrarse en Dios, en el medio de una enfermedad, o una situación difícil, no parece nada fácil, pero con Jesús de nuestro lado no es imposible.
Buscar la presencia de Dios en mi vida, en medio de la enfermedad (Síndrome de Fatiga Crónica), fue mi mayor prioridad.
Pero El Espíritu Santo trabajó mucho en mi interior, ya que el temor a morirme, el dolor constante en todo mi físico y el pensar que iba a dejar solos a mis hijos en ese entonces pequeños, hacían que mi ser muchas veces decayera.

Dios por medio de su hijo Jesucristo, me fortaleció en el dolor, Él me llevó a declarar por medio del Espíritu Santo que es mi ayudador y mi libertador.
Él me llevó a decir: Dios mío acepto tu voluntad en mí, más si es posible no te tardes, saná mi físico, restaurá mi vida.

Hace muchos años atrás Dios me había dado una palabra a mi corazón que decía así:
__Poco a poco abrá gran sanidad sobre Ti y cuando ocurra no te callarás nunca de contar lo que hice contigo.

Sinceramente en ese momento no entendí, pero atesoré esa palabra en mi corazón y cuando pasaron los años, cuando estaba frente a esta enfermedad, en la cual  me habían dado cuatro años de vida, me acordé de esta palabra y entendí que para que haya gran sanidad, iba a existir una gran enfermedad.
Sé que Dios no me mandó esta enfermedad, Él no es así, pero se valió de ella para transformar mi vida, la mujer interior que habita en mí y además para renovar mi llamado en cuanto a servirle.

Y te puedo asegurar que desde el día que Él me sanó, no puedo dejar de declarar lo que hizo por mí, esté donde esté, sea en un colectivo si se me presenta la oportunidad, en el tren, en un comercio, un hospital o una iglesia; Dios sabe que cuenta conmigo, aún en la peluquería, mis labios no pueden dejar de decir, la gran sanidad que hizo en mí y que por supuesto Él anhela y desea hacer con vos también.

Quiero animarte en este comienzo de semana, a que te pongas en las manos de Dios y que comiences a declarar con los ojos de la fe, por medio de Jesús que te fortalece, que hay vida abundante para vos, en todas las áreas de tu vida.

No dejes que el enemigo de tu alma, te tenga con la cabeza gacha y en derrota, Jesús pagó un alto precio con su vida, por amor a vos y para Él sos especial tesoro, sos más que vencedora en Cristo Jesús.

Con cariño: Tere.

!Qué Dios te bendiga!