miércoles, 18 de abril de 2012

"ALGUNOS MITOS Y VERDADES SOBRE ABUSO SEXUAL INFANTIL"

1.     Es poco frecuente. De los 0 a los 17 años, entre un 10 y un 40%, niños y adolescentes están afectados por el problema (incluye todas las clases de abuso sexual). Tanto los niños como las niñas sufren abuso sexual. De los niños abusados, 60% son niñas y el 40% son niños.
2.     Generalmente el abusador es un desconocido. El 85% de los abusadores son conocidos de la víctima. Forman parte de la familia nuclear y/o extendida, o gozan de la confianza de la víctima y su familia. El abuso suele prolongarse por años y en general el victimario no utiliza la fuerza física, sino la seducción y el chantaje, aprovechándose de la confianza del niño. El abuso por desconocidos tiende a ser más violento y generalmente único. Abusan en igual porcentaje homo o heterosexuales, y en el 90% de los casos, el abusador es varón. 
3.     Se da en familias pobres o de poca cultura. El ASI (Abuso Sexual Infantil) es universal y democrático. Es independiente de la clase social, etnia, educación académica y religión. La excepción es la explotación sexual comercial, donde sí incide la situación de pobreza y marginalidad de la víctima y su familia.
4.     Para los niños es como un juego placentero. Los niños y niñas que están siendo abusados siempre perciben que algo malo está sucediendo, aunque no pueden darle un cabal significado. Sin embargo, al llegar a la adolescencia o aún siendo adultos, son capaces de darle el real significado sexual que el abuso ha tenido.
5.     Los niños inventan los relatos (fantasía infantil). Los  niños dicen la verdad y no pueden fantasear sobre lo que no conocen en forma directa. También son acusados de haber provocado la situación o haber prestado su consentimiento, lo cual constituye otra maniobra perversa del abusador, quien invierte de esa manera la carga de la culpa. Nunca los niños y las niñas, y los y las adolescentes, son responsables del abuso sufrido.
6.     Es un problema privado de la familia. Hay una responsabilidad social. Debemos involucrarnos, especialmente desde los ámbitos docentes y eclesiásticos. Esto incluye la denuncia de los casos que conocemos hasta la protección del menor haciendo prevención y cuidado de niños, niñas y adolescentes que también sufren maltrato por parte de los adultos.
7.     Es una expresión de los tiempos violentos actuales. Esta conducta aberrante siempre ocurrió, sólo que sale a la luz como un problema social a partir de la década del ´50. Puede marcarse un hito cuando en el año 1961, Henry Kempe presenta en la Academia Americana de Pediatría un trabajo sobre el síndrome del niño apaleado, el primer tipo de maltrato infantil que comienza a investigarse en profundidad.
8.     No se produce en familias o ámbitos cristianos. La ignorancia sobre el tema, el rechazo ante hechos tan denigrantes para la condición humana y las maniobras para evitar el dolor y también la responsabilidad, hacen que muchas veces neguemos la posibilidad y la realidad de que esto ocurre muy cerca nuestro. El maltrato infantil en todas sus formas, incluyendo el abuso sexual de niños y niñas y adolescentes, también se producen en los ámbitos cristianos, familias e iglesias.
9.     El abuso no produce daño en los chicos. No sólo los daños sufridos son inmediatos, sino que las consecuencias se padecen a mediano y a largo plazo. Vivencias ante el sometimiento: culpa, vergüenza, confusión, desamparo, miedo, dolor, pérdida de la confianza, soledad, desesperanza, no puede reconocerse como víctima, alteración de la imagen de sí, desconfianza, dificultad en los vínculos, etc. son sólo algunas de las consecuencias dañosas del maltrato experimentado.

¿Qué es el abuso sexual?
“La implicación de un niño o de un adolescente menor en ACTIVIDADES SEXUALES ejercidas por los ADULTOS que buscan principalmente la satisfacción de éstos, siendo los MENORES DE EDAD, INMADUROS y por tanto INCAPACES DE COMPRENDER el sentido radical de estas actividades y por lo tanto de dar CONSENTIMIENTO REAL.
Es importante destacar que no es necesario que haya acceso carnal a un niño o niña, ni el uso de la violencia o la fuerza, para configurase como conducta abusiva. El abuso tiene que ver con exponer a los niños y las niñas o adolescentes a situaciones sexuales para las que no están aún preparados desde su desarrollo evolutivo. La finalidad de esas conductas abusivas del abusador es proporcionarse placer sexual y satisfacción en el someter al otro. 
(Material extraído del Instituto Eirene Argentina)

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