jueves, 23 de febrero de 2012

"TEXTOS BÍBLICOS Y MI EXPERIENCIA PERSONAL SOBRE SANIDAD DIVINA"


San Mateo: 14:14 Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos.

Jesús se compadece ante nuestras necesidades, Él se compadeció de aquellas personas que fueron a verle, fueron a buscar de Él y como bien dice la Palabra de Dios el que busca haya.

San Mateo 7:7 Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
7:8 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.


Cuando estuve muy mal de salud hubo un momento que estaba desconcertada, no sabía si estaba orando bien, o si había algo mal en mi vida, ya que cada vez mi salud se deterioraba más, pensaba que mi fe no le agradaba a Dios o que no alcanzaba, luego me recuperaba de esos sentimientos y trabajaba con El Espíritu Santo para sacarlos de mi mente y mi corazón.

Pero un día dejé mentalmente mi enfermedad de lado, las quejas, los fuertes dolores, la angustia, el sentir que me moría, el estado de pánico, la febrícula, los mareos, el dolor insoportable de gánglios y articulaciones, el sentir que mi cerebro iba a explotar cuando se hinchaba el hemisferio derecho, la pérdida parcial de mi memoria, la fatiga extrema, el sudor y frío a la vez, la taquicardia, el dolor fuerte de pecho, los dolores agobiantes de cabeza, el no soportar la luz, el no poder escuchar el mínimo ruído porque aturdía en mis oídos, todo eso y mucho más, hicieron que diga basta y me tomé bien fuerte de Jesús y con la ayuda del Espíritu Santo me puse de pié por dentro.
Sí de pié por dentro, me levanté internamente, que contradictorio, cuando tomé esa decisión había comenzado a empeorar cada día más.
Pero una fortaleza interna traida de la mano de Dios, hicieron cobrar vida y ánimo a mi mujer interior.
Y creo que como aquella multitud yo también salí a pesar de mi situación a buscar más de Jesús, a recibir más de Él.


Y Él se compadeció de mí y me habló con el siguiente texto bíblico:
3 de Juan 1:2 Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.


Entonces toda la enfermedad pasó a segundo lugar, Dios había hablado a mi interior diciéndome:
__Tere vos ocupate de trabajar con tus emociones que yo me ocupo de sanar tu físico.


Y aunque me sentía cada día peor, tomaba papel y lápiz como podía ya que mis manos no se podían cerrar bien y anotaba una a una todas mis angustias, temores, miedos, etc. los renunciaba en el nombre de Jesús y se los entregaba en sus manos.
Fue un trabajo arduo, pero dio frutos en mi vida.
El proceso de mi sanidad fue lento, duró dos años, pero Dios me sanó totalmente y me hizo una nueva mujer.


Hoy mi vida tiene nuevas fuerzas, tengo nuevos proyectos, nuevas espectativas, etc. claro que muchas veces me pasan cosas que me desaniman y me roban la fe, pero vuelvo otra vez a mi amigo Jesús y Él me fortalece y me da a través de su amor y poder las herramientas que necesito para salir; su Bendita Palabra y su Santo Espíritu traen paz, luz, unción, sanidad, liberación y restauración.
Jesús es el camino, la verdad y la vida. (San Juan 14:6)

No sé cual es tu enfermedad, o situación difícil por atravesar; lo que sí sé es que tenés a un Dios poderoso que se llama Jesucristo que se compadece ante el sufrimiento y sana a los enfermos, tal cual como dice San Mateo 14:14.

Te invito hoy a creer, a darle tu corazón, a trabajar en equipo con el Espíritu Santo para que puedas junto a Él dejar atrás todo lo que te ata y por ende recibas salud así como prospera tu alma.

Mi corazón tiene escrito el nombre de Jesucristo, está escrito con su sangre preciosa, hace desde que tenía 19 años que camino con Él.
Me enfermé cuando tenía 30 años y hasta los 37 me ví morir muchas veces, me habían dado cuatro años de vida y de los 37 a los 39 años, a Dios le complació sanarme y usarme para su gloria.
Hoy tengo 45 años y nunca pero nunca me voy a olvidar el día que con tan solo 19 años Jesús me salió al encuentro y salvó mi corazón, el secreto para perseverar es hacerlo Salvador y Señor de nuestras vidas.
No es ningún sacrificio seguir a Dios, por el contrario es hermoso.
Cuando uno tiene un encuentro personal con Jesús, cuando nos convertimos realmente a Él, nuestra vida cambia, nuestro ser se transforma y se renueva.
Pero muchas veces vemos que hay personas que se convencen en vez de convertirse, entonces ante el primer problema dejan todo, enojándose con Dios.
Como siempre digo, sigo a Jesús por lo que es y no por lo que da.
Lo amo con todo mi corazón y es el motivo de mi vivir.

No te desanimes, Jesús es el mismo y sigue mirando a la multitud y allí sanando con su amor y poder.

Allí en dónde te encuentres, cerrá tus ojos, levantá tus manos hacia el cielo, abrile tu corazón a Jesús y dejá que Su Santo Espíritu toque tu vida.
Decile que lo necesitás, que lo amas, que querés vivir de su mano.
Pedile que te sane, que te llene de su presencia y dejá que te sorprenda con su amor.

Cariños: Tere.


!Qué Dios te bendiga!