jueves, 20 de octubre de 2011

"ESTER + DÉBORA = A VOS Y A MÍ"

Recuerdo cuando hace unos años atrás El Espíritu Santo hablaba estas palabras a mi corazón:
__Tere, primero hay que ser Ester, para luego ser Débora y así fluya la mujer interior que hay en vos.

Así que me quedé con esas palabras en mi corazón y comencé a buscar incansablemente que relación tenían una con la otra y qué conmigo.





Ester 2:12 Y cuando llegaba el tiempo de cada una de las doncellas para venir al rey Asuero, después de haber estado doce meses conforme a la ley acerca de las mujeres, pues así se cumplía el tiempo de sus atavíos, esto es, seis meses con óleo de mirra y seis meses con perfumes aromáticos y afeites de mujeres,

De este pasaje bíblico aprendí mucho...¿sabés por qué? porque comprendí que debo pasar tiempo en intimidad a solas con Dios preparando mi vida, así como lo hacía Ester. Comprendí que vale la pena parar el mundo si es necesario, para estar a solas con Él y dejar que trabaje en mi vida, sanando mis heridas, hablando a mi corazón, ayudándome a controlar mis emociones, dejándo que me revele su plan para conmigo, sabiendo escuchar lo que me quiere decir, a dónde ir, qué hacer, qué decir y eso se consigue estando solo con Él.
Necesitamos que El Espíritu Santo unga nuestras vidas, que derrame su aceite sobre nosotras, que nos vista de poder, que nos de sabiduría de lo alto, que quite una a una todas nuestras inseguridades y propio juicio, para así ser luego como Débora, quien en el nombre de Jehová de los ejércitos iba al frente de la batalla.





Jueces 4:4 Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora, profetisa, mujer de Lapidot;

Jueces 5:7 Las aldeas quedaron abandonadas en Israel, habían decaído,
Hasta que yo Débora me levanté,
Me levanté como madre en Israel.


A veces no entendemos el por qué no sentimos la unción de Dios sobre nuestras vidas, entonces leemos el libro de Jueces y pensamos que nosotras vamos a levantarnos y hacer guerra espiritual y el diablo tiene que huir y todo se tiene que sujetar a lo que nosotras decimos y luego de cansarnos y ver que no pasa nada, nos deprimimos.


Entonces me pregunto:
¿Cuánto tiempo pasamos encerradas dejando que el Espíritu Santo nos prepare al igual que lo hizo con Ester?
¿Cuánto hay en nosotras del Espíritu Santo, para ser así sensibles a las direcciones de Dios y así tener victoria a través de Cristo Jesús en nuestras vidas, al igual que lo tenía Débora?


Porque necesitamos ser como Ester y prepararnos en la intimidad para presentarnos ante nuestro Rey, nuestro Dios y así dejar que Él ponga su corona sobre nuestras cabezas y tener la paz y la sabiduría de saber que tenemos una comunión genuina y que vamos a poder derribar las montañas gigantes a las que nos enfrentamos, porque antes estuvimos en su secreto, en ese lugar justo que nos enseña la Palabra de Dios.

Jeremías 23:22 Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras.

Jeremías 33:3 Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.

Estar en el secreto de Dios, clamar a Él......son palabras que me demandan una actitud de sumisión a Dios, de pasar tiempo con Él, de confiar, de creer, de ir dispuesta a su presencia a recibir su dirección, corrección y guía.

Sé que Ester y Débora estaban en el secreto de Dios, sé que ellas habían muerto a sus propias necesidades, para pasar tiempo a solas con Dios, sé que ambas estaban empapadas de la presencia de Dios en sus vidas, porque al ver sus historias, puedo discernir a dos mujeres que pusieron en primer lugar a su Dios y luego priorizaron en ser usadas para llevar la liberación y la gloria de Dios a su pueblo.

Quiera Dios que en este día, seamos rápidas en ir a su presencia y así despojarnos de nosotras mismas, entrando en el secreto de Dios, escuchando el latir del corazón de Jesús, ungidas por el Espíritu Santo, para ser de bendición a otros.

Amigas, cuando servimos a Dios, debemos pasar tiempo con Él, debemos morir a nuestra carne, a nuestras emociones y dejar que El Espíritu Santo nos transforme conforme a la voluntad de Dios en Cristo Jesús.
Porque no es cuestión de pararnos a dar la Palabra y hacerlo a gritos, o creernos que somos alguien, o hacer el llamado para que pasen las personas que tienen necesidad y orarles empujándole a la gente para que se caigan, creyendo que así medimos la unción del que predica...dejemos que el Espíritu Santo haga como quiera, a nosotras nos tiene que preocupar solamente ser sus siervas fieles....amadas, la unción, la autoridad, el amor, la comprensión, el discernir el corazón de la persona que tenés adelante tuyo, se consigue a solas cara a cara, clamando, gemiendo, intercediendo, amando, buscando, adorando, humillándose, ante nuestro Salvador...JESUCRISTO REY DE REYES, AMADO POR SIEMPRE, SUBLIME Y MAJESTUOSO, PRÍNCIPE DE PAZ.


!Qué Dios te bendiga!