jueves, 11 de agosto de 2011

"EN EL SILBO APACIBLE Y DELICADO...DIOS ME SANÓ DEL SÍNDROME DE FATIGA CRÓNICA"


1 de Reyes 19:11 Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto.
19:12 Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.
19:13 Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?


Muchas veces me preguntan cómo hice para recibir sanidad total de la enfermedad que tuve, me preguntan cómo oraba, cómo me sentía en el proceso, si fue de repente o me llevó tiempo, si tomé remedios, si me operaron, etc.
La verdad que no había ningún tratamiento para darme, mi físico, mi mente y mis emociones estaban deteriorándose por la enfermedad, mi rostro parecía como de cartón, mis manos estaban sin fuerzas, mi cerebro no me respondía nada bien, mis ojos estaban secos de tanto llorar y así podría contarte muchas experiencias horribles a nivel físico y emocional.
Espiritualmente siempre creí, al igual que ahora, qué Jesús es mi sanador, que en Él están mis tiempos y que todo ayuda a bien a los que en Él creen, también tenía bien en claro que Jesús no nos manda enfermedad, pero sí que permite toda situación adversa para tratar y trabajar en nuestras vidas; y siempre, pero siempre nos saca victoriosas en Él.

Esta mañana estaba meditando en el libro de 1 de Reyes y me recordé cuando Dios trató en mi vida con este pasaje de 1 de Reyes 19: 11-13, recordé como me había metido yo misma en una cueva en dónde no podía ver más que mi enfermedad y las situaciones adversas que esta me ocacionaban.

Como siempre digo, mi sanidad fue lenta, eso no quiere decir que la tuya va a ser así, pero en mí, Dios obró despacito, paso a paso.
Creí que el poder de Dios en mi vida para sanarme se iba a manifestar en un viento recio, en poder, como si un rayo cayera sobre mí y me sanara....son esas cosas que tenemos los seres humanos.
Pero Dios no lo hizo así conmigo, sino que se manifestó en la intimidad de mi habitación, en el medio de la oscuridad de mi cuarto porque no podía ver la luz, ya que me hacía mal.
Se manifestó en mi soledad, en el medio de mi imposibilidad, en el medio de mi dolor y allí en silencio, al igual que el silbo apacible y delicado, me tuvo todo el amor y paciencia y me llevó a salir de la cueva, a identificar todo lo que emocionalmente esta enfermedad me estaba robando.

Fue entonces cuando le dije al Espíritu Santo en qué lo podía ayudar yo para que Él me ayudara....y Él habló a mi corazón con estas palabras:
__Tere, te volvistes negativa, temerosa y no ves más allá de tu enfermedad, vos ocupate de trabajar conmigo en tus emociones y yo me ocupo de tu sanidad.
Y este texto bíblico fue la punta del ovillo que me faltaba encontrar para trabajar en mi vida.
3 de Junan 1:2 Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.

!Ahora sí entiendo exclamé!!
Necesito que prospere mi salud, pero Dios me estaba hablando que debía prosperar mi alma, mis emociones.
Y así fue amigas, comencé un lento trabajo en identificar, renunciar y dejar en las manos de Dios cada situación que me quitaba la paz y los primeros años en vez de mejorar estaba peor, pero nunca bajé los brazos, sabía que Dios me había hablado y que iba a cumplir su Palabra en mí.
Hasta que llegó un día que empecé a sentir una leve mejoría y en un proceso de dos años, estuve el 100% sana.
No sólo Dios me había sanado, sino que había realizado en mí la obra de sacar una nueva mujer de mi interior, trabajó con mis miedos, con mi fe, con mi llamado a servirle, con mi autoestima, etc.

No te estoy diciendo que tu sanidad te va a llevar años, porque con Dios se vive una experiencia personal, Él tiene un trato diferente para cada una de sus hijas; lo que si te estoy diciendo es que te pongas de pié por dentro, que dejes que el Espíritu Santo te hable, que confíes en Él y te pongas en sus manos y que tengas bien en claro que Jesús no desea que vivas enferma.
La Palabra de Dios, junto a Jesús con su obra de salvación y sanidad, el amor de Dios y el Espíritu Santo, hicieron que un día mi vida recibiera sanidad divina.

Te animo hoy a que cierres la puerta de tu habitación o en el lugar donde te encuentres, le digas a Jesús tus miedos, tus temores, le cuentes todo lo que sentís, al igual que lo hice yo y después de tal vez llorar y no entender, dejes que Dios se manifieste en tu vida en ese silbo apacible, en dónde Dios te va a invitar, alentar y ayudar a salir de esa cueva de enfermedad en donde estás metida.

Nunca te olvides que para Jesús sos especial tesoro, sos su niña amada, sos su deleite, sos preciosa y amada y que tiene una vida en abundancia para vos y para tu hogar.
!Hay victoria en Jesús, hay vida en Él!