martes, 8 de febrero de 2011

"CREE" (La escribí cuando estaba muy enferma)


Si te digo que no tengo miedo
te aseguro que te miento.
Porque estoy tan asustada
y también aterrada.
¿Será posible qué mi vida cambie?
¿Será posible qué mi ser se sane?
No quiero morir, amo la vida.
No quiero morir, tengo una familia.
Pero ya es tarde, no hay nada por hacer.
Solamente en mi interior
Una voz me grita:
!Cree!!!
Y al cerrar mis ojos
Para descansar.
Supe que en Jesús
Hay otra oportunidad.


Como tantas veces cuento, la enfermedad que tuve (Encefalomielítis Miálgica) me estaba robando la vida física.
A los treinta años de edad me habían dado cuatro años de vida, en ese interín iba a quedar en sillas de ruedas.

La verdad que estuve muy mal, tenía a mis dos hijos pequeñitos, mis fuerzas cada vez eran menos, los dolores eran insoportables y la sensación a que la muerte estaba golpeando a mi puerta era casi constante.

Jamás me enojé con Dios, jamás le reclamé nada.
Pero cuando se sufre tanto, cuando vez la muerte tan de cerca, por momentos te aferrás a creer en los milagros y por momentos pensás que no son para vos.

Pero el hermoso Espíritu Santo se sienta a tu lado, comparte tus días y te va ministrando, consolando y levantándote.
Fue entonces cuando escribí esta poesía: Cree.
Ahí pude contarle que tenía miedo, que estaba asustada y por supuesto aterrada.
Siempre sentí a Jesús como mi fiel amigo y esa amistad tan sincera hizo que yo pudiera ser totalmente abierta con Él.
Si bien los dolores eran tan fuertes, a tal punto de querer morirme para encontrar alivio, en el fondo quería vivir!!!
Y fue cuando sentí esa maravillosa palabra: CREE!!!
Esa palabra me infundió aliento, me ayudó a proclamar las virtudes sanadoras de Cristo sobre mi vida.
Dios había hablado a mi corazón que poco a poco habría gran sanidad sobre mi vida.
Pero en vez de sentirme sana, cada vez más sentía que me moría. Fueron siete años de enfermedad.
Pero en un proceso de sanidad de los treinta y siete a los treinta y nueve, poco a poco fuí recobrando mi memoria, ya que la había perdido parcialmente; también pude comenzar a tomar las cosas con mis manos y no se me caían, también me sentía más fuerte fisicamente.

Para la gloria de Dios hoy con cuarenta y cuatro años estoy totalmente sana.
Dios transformó mi físico, mi mente, mi alma, mi corazón y mi espíritu y por ende mi familia.
!Claro qué no es todo perfecto, claro qué cada día debemos trabajar en cambiar y mejorar! Pero esto es consecuencia de la vida cotidiana.
A lo que yo me refiero es a que JESÚS es nuestro Salvador y nuestro Sanador.

Si estás enferma, no abandones la parte médica, pero te aliento a creer en el Dios de los imposibles, en el Dios que desea sanarnos y que tengamos una vida en abundancia.

Jesús se llevó en la cruz nuestros pecados y nuestras enfermedades; Él es nuestro libertador y sanador.
Te aliento a tener Fe.
Te regalo esta palabra que me ayudó a mí también:
!CREE!! !CREE EN JESÚS!!!

!Qué Dios te bendiga!