viernes, 21 de enero de 2011

“Dejá de ser tulipán para convertirte en rosa”


Un día Dios puso en mi corazón dos palabras:
“Rosas y Tulipanes”.

Empecé a buscar información ya que quería saber que hay detrás de estas dos preciosas flores.
Rosa: Símbolo antiguo del amor y de la belleza.
Es una flor de gran fragancia. Es la primera flor consumida mundialmente.
Tulipán: Está compuesta por flores erguídas, muy llamativas, de numerosos colores, no posee fragancia. Es la tercera flor consumida mundialmente.

Entendí que la rosa no solo es hermosa, sino que con su aroma marca su presencia y aunque tus ojos estén cerrados, vos sabés que ella igual está; porque destila una fragancia que envuelve el lugar.
El tulipán en cambio es una flor muy linda para decorar y alegrar un ambiente, pero si cerrás tus ojos no sabés que está allí.
Encuesté a varias mujeres para saber con cual de estas dos flores se identificaban y me contestaron:

-Rosa, porque tiene espinas para defenderme.
-Tulipán, porque es más vistosa.
-Rosa, porque representa a la feminidad.
-Rosa, porque destila un bello aroma.


La rosa es sinónimo de mujer, pero no de cualquier mujer, sino de aquella que centra su vida en Dios, para poder adornar con su presencia donde ella se mueva, pero además para impactar y cautivar con su aroma el corazón de los demás.
El tulipán es sinónimo de lo social, es excelente para decorar en un evento, para llamar la atención, para disfrutar su colorido.
Identifico esta flor con el buen humor, la diversión, pero a la vez la veo poco profunda.
Las dos flores son bellas, pero de elegir una me quedaría con la rosa, no solamente por su belleza, sino porque desearía poder destilar un aroma fragante en cualquier lugar que vaya.
Pero me doy cuenta que a veces soy tulipán, o tal vez una flor de fantasía que comprás en cualquier lugar y que se llena toda de tierra.
Entonces me decidí a ser rosa, pero con una condición, que mi florero lleno de agua pura y vivificante sea Jesús.
Porque sólo de Él emana la vida y sólo así no me voy a marchitar.
Pero si mi florero es Jesús, quiere decir que soy una preciosa rosa en Él, porque Él es la Rosa de Sarón.

Cantar de los Cantares 2:1:
Yo soy la rosa de Sarón, Y el lirio de los valles.

Cuando la Rosa de Sarón es arrancada del rosedal, vive aproximadamente veinte días sin agua y luego muere.
Después de muerta si se la pone en contacto con la tierra o el agua revive y forma un rosedal.
¡Ahora sí entiendo!
Jesús murió, resucitó y en nosotras sus hijas formó el rosedal.
Jesús es la Rosa de Sarón y nosotras somos parte de su rosedal.
¡Qué nadie trate tu vida como si fueras una flor marchita!
Él pagó un alto precio por vos.

Yo te pregunto:
¿Qué clase de flor te sentís?
¿Cómo está tu tierra (tu corazón), está dura, seca, sin vida?
¿Te estás dejando podar por Dios para que florezcas con más fuerzas?

A Jesús le interesa que sepas que sos una bella rosa en sus manos, que te anhela y que desea cuidarte cada día.
Por eso es necesario ponernos en las manos de Dios y salirnos de cualquier situación que nos marchita y confesar que en Él está nuestra salida.
Dejá tu vida en las manos de Dios, dejá que Él renueve tu cansado corazón, dejate regar por su presencia y qué el Espíritu Santo te renueve cada día.
Él te ama!


¡Qué Dios te bendiga!